Les coses senzilles

La fe del carbonero

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Fe es confianza –seguridad— en algo (persona, ídolo, religión) sin que esté sustentada en pruebas. En el colegio nos hablaban de la fe del carbonero y aunque ahora no sé si hay muchos carboneros, la expresión subsiste. Tener la fe del carbonero es confiar en algo ciegamente. Las personas que tienen la fe del carbonero creen en algo aun sin entenderlo, por la simple razón de que le han dicho que hay que creerlo. Son personas que adoptan firmemente unas ideas sin necesitar explicaciones ni pruebas de que esas creencias son acertadas. El origen de la expresión lo explica el maestro Correas en su «Vocabulario de Refranes»: «Un maestro teólogo tuvo una vez plática con un carbonero en cosas de fe y acerca de la Santísima Trinidad... y propuso al carbonero: «¿Cómo entendéis vos eso de las tres divinas personas, tres y una? El carbonero tomó la falda del sayo e hizo tres dobleces, y luego, extendiéndola, dijo: «Así» mostrando que eran tres cosas y todas una. Al teólogo le gustó y después, al tiempo de su muerte, decía: «Creo lo que cree el carbonero».

Pero fe es también creer en uno mismo. Hay personas que son capaces de creer en sí mismos de manera espontánea, y sin embargo hay otras a quienes les resulta difícil tener seguridad en sí mismos. Pero hay gente que está segura de sí misma aunque esté claramente equivocada. Creer en uno mismo permite que nos desarrollemos y crezcamos, porque si tenemos autoconfianza nos arriesgamos mucho más y como dicen por aquí «Qui no l’arrisca, no la pisca». Las personas con mentes ganadoras son las que no dejan que nadie interfiera en sus planes, siguen siempre adelante aunque los demás duden de ellos. Pero también es aconsejable recurrir a la inteligencia para elaborar planes acertados, originales a ser posible, y a partir de ahí llevarlos a término sin cejar nunca en el empeño. Ya saben lo que dicen en inglés: «A quitter never wins; a winner never quits». (Quien se rinde nunca vence, un ganador nunca se rinde) No obstante, ocurre que a veces cuanto menos preparadas están ciertas personas, más seguras se sienten de sí mismas. No les intimida nada, pese a que tienen pocos conocimientos en la materia de que se trate, y pienso que a lo mejor se debe al hecho de saber poco. Cuanto más se sabe, más se duda, porque se ven muchas más posibilidades de fracaso y uno comprende que le queda un campo infinito de conocimiento por alcanzar. En ese sentido es conveniente no confundir la seguridad con la falta de humildad.