Asseguts a sa vorera

Mafalda influencer

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«Yo opinaría que… Pero mejor no tocar el tema, ¿no?». No lo digo yo, esta es una de las maravillas que Quino, a través de Mafalda, nos regaló en su momento y ahora, míseros de nosotros, nos quedan solo como herencia, un legado que visto hacia dónde va el mundo corre muchísimo peligro de caer en el olvido. Quino se ha muerto, y es triste, pero más fatídico será si dejamos que su obra muera.

Porque, para qué negarlo, Mafalda no sería una influencer. Si tuviera Instagram o Facebook, las marcas no se pegarían por conseguir campañas con ella. Sería un personaje incómodo que pensaría demasiado y que, -aquí está el problema para muchos- nos haría pensar demasiado. Y las niñas y los niños de hoy en día no quieren eso. Los demás, directa o indirectamente, les hemos enseñado que lo de pensar no sirve para tanto, que reflexionar es perder el tiempo e independientemente de cómo nos vaya.

Mafalda no sería la chica más popular del colegio. Ni de la escuela. Ni creo que pretendiera serlo. Mafalda seguiría con su modesta existencia en la que abundan más las preguntas que las respuestas, por mucho que sus respuestas nos derrumben las preguntas. Al planeta y a la raza humana nos hacen falta más Mafaldas y nos sobran Belenes Estébanes, como también nos sobran Ronaldos, Jorge Javieres y toneladas de reguetón.

Recuerdo la primera vez que me topé con esta pequeñaja especializada en incomodar a quien la lee. Reposaba en el último rincón de la última página de una revista de televisión. Yo era un niñato que no entendía demasiado qué quería decir esa niñita que atormentaba a sus amigos con ideas, frases y reflexiones de adulto.

Mi madre tenía un libro con un recopilatorio de viñetas de ella y a medida que me iba haciendo mayor no solo entendía mejor lo que quería decir, sino que, además, tenía razón. Qué decir de su «Paren el mundo que me bajo». ¿Cuántas veces no lo hemos pensado? Cada vez que me perdía en ese libro redescubría una escena nueva y con su reflexión añadida.

Esta semana tanto Quino como Mafalda han saltado a las portadas de unos medios en los que Mafalda jamás estaría cómoda siendo cómplice de lo que hablan y de cómo lo hablan. Y especialmente me vino su sutileza a la mente cuando leí una noticia que anunciaba que en Málaga se acaba de inaugurar una pasarela para disfrutar de un espacio natural sobre un río y para la que se han necesitado 200 toneladas de madera de pino silvestre.

Curioso. Para disfrutar de una parte de la naturaleza tenemos que cargarnos 200 toneladas de naturaleza. Lógico. Mejor no tocar el tema, ¿no?