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El pecado electoral de no saber perder

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Todo estaba por decidir en la segunda semana de noviembre después de las elecciones americanas. No obstante escribo este artículo porque me interesa el análisis como pronóstico que quisiera hacer con la documentación que me asiste.

Se ha dicho ampliamente que Joe Biden de 77 años, que ha sido ocho años vicepresidente de EEUU en tiempos de Obama, iba a ganar las elecciones a Donald Trump de 74 años. Es la tercera vez que lo intenta llevando ya 50 años ejerciendo la política en primera fila. De manera que del tándem Biden, un demócrata y un republicano, Trump, lo que me interesa es analizar lo mucho que suelen fallar los análisis demoscópicos, los gurús que se lanzan a pronosticar quién va a ganar y quién va a perder. Oráculos de todo a cien sin pararse a considerar que las urnas las carga el diablo de la confusión ya que son recogedoras de voluntades volátiles, a veces tóxicas e imprevisibles siempre. Fíjense en el héroe inglés de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, ganó la guerra y dos meses más tarde perdía las elecciones. Los que han estudiado aquel bacatazo afirman que fue porque no supo explicarse. La hija de uno de los últimos presidentes franceses, a la sazón experta en el análisis del devenir político de su país, le aconsejó a su padre que disolviera las cámaras como presidente y convocara elecciones legislativas «que ahora, papá, las tienes ganadas».

El padre se fio de las sabidurías electoralistas de la hija y le hizo caso y así consiguió perder las elecciones. De Donald Trump se han dicho pestes por su peculiar forma de hacer política. De Joe Biden, por el contrario, se ha dicho que es de carácter conciliador, nada teatral y dispuesto a pactar si la nación lo ve como la postura más conveniente. Trump es más de tirar por la calle de en medio y a mí se me hace que tiene un mal perder. Ha acusado a laboratorios chinos de ser los creadores de la pandemia que tanto daño está causando en el mundo. Acusación que dado el cariz a nivel mundial de la pandemia no es pecata minuta.

A propósito de virus, algunos tienen un encontronazo con la covid-19 y se tiran semanas cuando no meses, en una UCI hospitalaria y cuando logran salir lo hacen con severas taras físicas y a veces mentales. Pues el tal Trump espabiló su contagio del virus en menos de una semana y se puso a la tarea de dar varios mítines en un día. El empecinamiento de este hombre de no usar mascarilla presenta un presidente malaconsejado y manipulable. Estamos hablando de un virus que está batiendo récords de contagios y fallecidos en América y él erre que erre dando un ejemplo tan negativo. Eso ya le situaba retrasado en la parrilla de salida de las elecciones americanas. A pesar de todo ahí está el hombre sin pararse en barras, asegurando que si gana su oponente es porque le han robado las elecciones. Un presidente que se ha negado a hacer públicas sus declaraciones fiscales en un país donde ese es un tema intocable. Además tiene no pocos problemas en los tribunales por el desvío de fondos a lo que hay que añadir una ristra bastante larga de denuncias por negligencia amén de intervencionismo con la Justicia. Salpicado por 17 investigaciones judiciales distintas, de manera que si finalmente las urnas le apartan de la presidencia americana, la justicia podría tomarle interés y verse sumido en algún proceso judicial. «The Washington Post» hace un recuento de tergiversaciones o falsedades de Trump, cuyo cálculo es abrumador pues hasta el 27 de agosto último, este presidente habría dicho 22.247 cosas inciertas de todo tipo y condición. No creo que sea exagerado calificarlo de embustero contumaz.

Joseph Robinette Biden nació en Serathon (Pensilvania), 1942. Su primera esposa y un hijo pequeño fallecieron en un accidente de tráfico y otro de sus hijos, Beau, de cáncer. Sabe pues muy bien lo que es sufrir los avatares de una vida que a veces es muy dura. Conoce el sufrimiento en primera mano, y aquella verdad que nos apercibe de que Dios no nos tiene siempre contentos a todos. Ahora puede sentir la satisfacción de ser el presidente más votado de la historia, incluso ha superado a Barack Obama.