Dietario

Bajar los decibelios

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5-XII-20 Sábado

«Ara té l’ocasió el Rei de fer pública la inconsistència de tots el rumors que l’alineen amb els sectors més reaccionaris del país. I d’acabar per sempre amb les expectatives que dipositen en la seva persona aquests militars jubilats…»

Resulta difícil no coincidir con Emili Pons en su apreciación («Es Diari» 2-XII-20). Si le faltó tiempo al Monarca para salir a la palestra el 3 de octubre de 2017 para dejar claro el imperio de la ley y la unidad de España ante el desafío independentista, por parecidas razones debería aclarar las dudas a los ciudadanos sobre su connivencia o no con los autores de los manifiestos, claramente coincidentes con las proclamas de la extrema derecha. Como dice Emili, el Rey debería dejar clara su neutralidad política, así como la legitimidad democrática del Gobierno. Quizá bastaría con decir que «esa no es su gente»…

6-XII-20 Domingo

El día de la Constitución es el más áspero en muchos años. ¿En qué momento se jodió el buen clima?, preguntaría Zavalita, el personaje de Vargas Llosa en «Conversación en la catedral», y se lo pregunta hoy Antoni Puigverd en «La Vanguardia». Porque hubo un tiempo de ilusión, de alegría después de la noche franquista (¿cómo es posible que alguien añore aquella tenebrosa oscuridad?), las disputas se enmarcaban en el casi mágico «consenso», los cuerpos se desnudaban, obispos y comunistas compartían ceremonias, sindicatos y patronales pactaban en La Moncloa, los conservadores se divorciaban, el catalán se normalizaba, los gais salían del armario…

Ahora, no sé desde cuándo, Zavalita, quizá con el Estatut fallido (el asunto catalán, siempre el asunto catalán), combinado con la eclosión de las tóxicas redes sociales y las sucesivas crisis económicas, pero lo cierto es que los adversarios se han vuelto a convertir en enemigos y el lenguaje ha regresado a las trincheras: se escucha repetidamente la cantinela del «gobierno social-comunista» que gobierna con las hordas separatistas y filoetarras, aunque no haya evidencia alguna de que se haya roto algo, ni de planes quinquenales, ni de censura de prensa, ni señales de purgas estalinianas tipo gulag, ni por supuesto, de nacionalizaciones bancarias…

Por otra parte, los procecistas presos siguen con su tozudo Ho tornarem a fer con lo que dificultan cualquier intento de sacarlos de la cárcel, y todo un vicepresidente del Gobierno sale cada dos por tres azuzando el ambiente, practicando el frentismo (vade retro, Ciudadanos), y abriendo irresponsablemente el melón de la forma de Estado en plena crisis cósmica… Total, un pandemónium.

Es urgente bajar los decibelios, decía ayer y para ello hay que empezar por respetar al adversario, que no enemigo, y contener la tentación del exceso propio. Pero, además, a mí me gustaría escuchar al Rey no solo desmarcarse del discurso ultra y recordar la legitimidad del gobierno democrático sino salir al paso de tanto bocazas y predicar la calma y la mesura. El discurso de Nochebuena sería una ocasión propicia.

7-XII-20 Lunes

Estados Unidos inició la mascarada, y nunca dicho con mayor propiedad, al politizar las mascarillas, los que se las ponían eran unos cobardes, izquierdosos sin patria o loosers (perdedores) y los que no las llevaban eran aguerridos como el líder y defensores de la libertad. Bien, pues ahora parece que se politiza también la Navidad, por lo menos en España. Los gobiernos autonómicos de derechas, como los de Madrid o Cataluña están empeñados en salvar la Navidad, entendida como estímulo al consumismo, mientras los de izquierdas serían más reticentes y antepondrían el factor pandémico…

El problema es que las aglomeraciones y el contacto estrecho con allegados y cuñados van a propiciar con toda probabilidad una tercera ola que se puede llevar mucha gente por delante. Me aterra ver estos días de puente, por la tele, las atestadas calles de las principales ciudades españolas, y mucho más los llamamientos de las autoridades municipales a visitar belenes y lucecitas. Y por si fuera poco reclamo, ahí está, cerca de la puerta de Alcalá, la kilométrica bandera española con bombillitas….

9-XII-20 Miércoles

Paso por la calle del Ángel y efectivamente, Montse ya está allí armada con su inimitable turrón de yema para defender la última torre del castillo del Turronero, toda una Agustina de Mahón resistiendo al invasor de las franquicias. Me parece ver a su abuelo con el carrito ambulante y a su padre, calmoso y servicial, envolviéndome con delicadeza los turrones. Ella no lo sabe, pero el turrón, su turrón, es para el vulnerable dietarista el nexo de unión con el mundo de ayer, la auténtica magdalena evocadora, el sabor que me transporta al número siete de la calle de ses Moreres donde nací y pasé mi infancia, mi auténtica patria, mi patria sin banderas. Resiste, Montse.

10-XII-20 Jueves

Pandemónium: capital imaginaria del reino de los infiernos… Sólo faltaba un detalle: que reventaran las cuentas del Emérito. Ja les tenim aquí. Bones i casolanes festes.