Con derecho a réplica

No hay aguacates para tanto 'influencer'

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Lo digo de entrada queridos lectores, que luego me quedo sin caracteres suficientes porque me enredo más que los cables de mis cascos, algo he hecho muy mal con mi vida cuando sé quién es Antonio David Flores. Como todos sabemos, el saber sí ocupa lugar y por lo tanto no deberíamos gastar gigas de memoria en nuestro cerebro en temas tan chorras como saber quiénes son los famosillos de la prensa rosa más vacua. Sin embargo un tiempo lo hice, por lo que fuera, así que ahora tengo datos en mi cabeza que son completamente absurdos y por el contrario me falta información que seguramente me sería más útil. Va un ejemplo: sé que Frodo y Sam recorrieron 2.172 kilómetros para destruir el anillo de Sauron, en cambio cuando abro el capó de mi coche solo sé dónde está la batería si encima pone Tudor o Bosch.

Claro que lo difícil es discernir entre lo que realmente importa y lo que no, y en estos tiempos aún más. Hace no mucho existía una realidad, la tangible, la palpable, la contrastable, pero hoy en día la variedad de realidades no tiene fin. Antes, como mucho, teníamos dudas entre la realidad y las ensoñaciones, aquello de la vida es sueño de Calderón, y sabíamos también que cuando algo se salía de la realidad con mayúsculas le podíamos llamar surrealismo, como a la obra de Dalí. Pero ahora tenemos la realidad virtual, la realidad aumentada, la realidad mixta, la realidad mediática, la ultrarrealidad, el hiperrealismo y no sé cuántas más. Igual que con el manido tema de la leche, antes íbamos a comprar leche y pan y ahora encontramos leche desnatada, semi, sin lactosa, de soja, de avena, de coco, de almendras, enriquecida con calcio, etc. Y respecto al pan nos ofrecen barras, artesanas, de payes, rústicas, de cereales, integrales, de espelta, y un largo etcétera que nos llevaría casi un libro enumerar. Joder, decían que la nuevas tecnologías simplificarían y facilitarían nuestra vidas, pero la verdad es que allí donde mires no se ven más que nuevas complicaciones.

Nos quedó claro que después de la invención del Photoshop una imagen ya no vale más que mil palabras, y que cualquier persona habilidosa con la informática nos la puede meter doblada de mala manera. Sabemos también que cualquiera con un móvil y acceso a Internet se puede autodenominar influencer, y enseñarnos fotos muy cuquis de sus desayunos invitándonos a comer aguacate cada mañana porque es muy sano. Si supieran que los más de 15.000 millones que mueve la industria del aguacate están en manos de los cárteles mejicanos que antes movían la cocaína, igual sus fotos ya no lucirían tan cuquis.

Puede que esta dificultad para discernir entre lo real y lo fake (por usar lenguaje de youtuber que enmascare mi condición de cincuentón), lleve a creer que dudo metódicamente como Descartes, claro que él lo solucionaba con «la glándula pineal» y su creencia en Dios, y yo sobre la no existencia del segundo no tengo dudas, y sobre la glándula pineal creo que lo que hace es generar melatonina.

En conclusión, por más datos que mire, por más que intento contrastar la información, por más que intento escuchar a los expertos de cada tema, les confieso que cada vez entiendo menos cosas. Así que con su permiso voy a investigar si es cierto, o no, que la «Estrella de la muerte» tenía en su tripulación unos 825.984 soldados de asalto. Yo qué sé, al menos no dedico mi tiempo a intentar joderle la vida a los demás, de esos ya empieza a haber demasiados. Feliz jueves.

conderechoareplicamenorca@gmail.com