Asseguts a sa vorera

Fotoperiodismo del bueno

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Hace unos días me pasé por la exposición dedicada a los 45 años de profesión de Javier Coll, ‘en Dolfo’, como fotoperiodista que está abierta en la Sala Sant Antoni, en Mahón, hasta el 6 de febrero. Se trata de un paseo privilegiado a través de los ojos de un profesional que ha vivido en la primera línea de fuego la evolución de la Isla. Un testimonio de un valor incalculable no solo por su importancia sino por la dedicación con la que se ha hecho.

La labor del fotoperiodista es mucho más complicada que la del periodista. Es un cazador de momentos, de instantes para los que muchas veces debes esperar con paciencia y tenacidad para capturar una imagen que hable por sí sola. Y, la verdad, Javier y su familia pueden estar orgullosos de la labor hecha para y por Menorca.

He tenido el privilegio de compartir 12 años con Javier en la redacción de «Es Diari» y, como remarca Juan Carlos Ortego en el cartel que da la bienvenida al visitante, hay pocos momentos de la actualidad menorquina que se le escapasen a este francotirador fotográfico. «Javier estaba allí» era la respuesta que recuerdo a cada pregunta de los redactores preocupados por cómo iban a ilustrar la noticia.

Los últimos 45 años han estado marcados por muchos cambios, no solo en la Isla, y contar con el testimonio gráfico de Javier -y de otros fotoperiodistas a los que no puedo más que proclamar mi admiración como Gemma Andreu, entre otros- es un privilegio y sobre todo una oportunidad para ver en qué cosas hemos acertado y nos deben seguir marcando el camino y en cuáles no lo hemos hecho y deben servir de punto de inflexión.

La exposición, además, supone una ocasión de viajar al pasado y de reencontrarse con momentos y, sobre todo, con protagonistas, que han marcado el rumbo de una u otra forma hasta el día de hoy.

Para mi gusto -soy un freak de la hemeroteca- faltan imágenes, faltan momentos. No solo porque quiera saciar mi apetito sino porque los 45 años de carrera de Javier dan para llenar un espacio mucho más grande, sin duda. La visita de la exposición debería ser obligada para colegios e institutos no solo para conocer cómo ha cambiado la Isla sino para aprender el oficio del fotoperiodismo, la dedicación y la implicación que conlleva. Y los resultados. Y el sacrificio personal y profesional.

Javier, y su familia, se han ganado interminables mañanas de pesca en Es Grau, de paseos con los nietos y de contar tantas batallitas como quiera de cosas que han pasado en la Isla porque, que no quepa la mayor duda, «Javier estaba allí».

dgelabertpetrus@gmail.com