Contigo mismo

¿Amar o necesitar?

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El psicoanalista Erich Fromm es presumiblemente el autor de la siguiente sentencia: «El amor inmaduro dice: Te amo porque te necesito. El maduro: Te necesito porque te amo». No es un juego de palabras. Las dos afirmaciones tampoco son equivalentes, ni similares, sino totalmente opuestas… El primer «amor» surge por interés, es egocentrista y no evalúa en absoluto los deseos o necesidades del otro, un «otro» simple y llanamente utilizado. La segunda aseveración implica, por el contrario, amor en estado puro. No importa el beneficio personal, solo el prurito de amar con limpieza, sin contraprestaciones. Lo dicho no se refiere únicamente al terreno sentimental, sino que puede aplicarse, perfectamente, a infinidad de campos: al político, al religioso, al laboral, al concerniente a la amistad, etc…

Así, el político, generalmente, os ama porque os necesita. Su amor, falso, surge en dos únicas ocasiones muy concretas: en campaña electoral y cuando Hacienda llama a vuestra puerta. En la circunstancia primera, el político mentado recupera milagrosamente la memoria. La memoria y la humildad. Desciende de su pedestal y se hace cercano a vosotros. En ocasiones roza, incluso, la declaración de amor. Patea, entonces, los bares no pateados, los geriátricos obviados, las calles jamás pisadas, los pequeños comercios permanentemente olvidados, etc. Se hace, incluso, dicharachero, uno de vosotros… «Os quiere porque os necesita»… Cosa bien distinta a la que hacen los políticos decentes y auténticos, esos que duran un telediario y que son, frecuentemente, expulsados rápidamente del paraíso del dinero, el poder y la gloria. Esos –los efímeros- «os necesitan porque os quieren» y, al quereros, intentan solventar vuestras penas y angustias. Su Amor es, por tanto, un Amor en mayúsculas. Como rara avis que, en el fondo, son, perecerán indefectiblemente ante los buitres eternizados. Por cierto: ¿conoce o ha conocido usted a alguno de ellos? ¿Sabría darme un nombre? Personalmente tuve suerte: me topé con dos: la primera pereció, injustamente, tras una brillante gestión, por mor de las siglas que la cobijaban y el otro sobrevivió dos meses y cuatro días. Lo que tardó en tener que optar entre disciplina de partido y conciencia… A la postre, eres un tío con suerte…

En el terreno religioso las cosas no son distintas. Hay quien ama a Dios únicamente cuando lo necesita, cuando se han agotado negativamente todas las posibles soluciones empíricas y humanas… Es una concepción utilitarista del Padre. Como si el Padre fuera un mago con varita, Amazon o Ikea… En el extremo opuesto vive el verdadero creyente, el que necesita a Dios porque lo tiene por Creador, porque lo ama, a Él e, ineludiblemente, a cualquier hijo de vecino, incluidos, incluso, sus acérrimos enemigos… Un amor que intenta fundamentar en una coherencia, no siempre fácil, de vida…

¿Y qué decir de los amigos? Haces tuyos, al respecto, unos versos de una vieja melodía de Julio Iglesias. Los reproduces de memoria, así que disculpen si no se ajustan con plena literalidad al original: «Cuantos te alaban si triunfando estás/ pero si fracasas bien comprenderás/ los buenos quedan, los demás se van…». Hay amigos que te aprecian porque te necesitan –iteras- y hay esos otros, auténticos, que te necesitan porque te quieren. Estos últimos suelen ser más bien escasos, pero su peso en vuestras vidas es enorme, crucial, aleccionador… ¿Cómo dice? ¿Qué cómo distinguir a unos de otros? Tenga paciencia. Lo comprobará cuando las cosas le vayan mal dadas… Amigos de barra y borrachera los tendrá a mogollón… Los amigos de sala hospitalaria de espera serán, no obstante, más bien escasos… Pero por esos vale la pena haber nacido… Vuelves a ser un tío con suerte: tienes a cuatro amigos, amigos, confirmados, constatados y con pedigrí…

¡Que deprimente amar por interés y no tener interés por amar! ¡Apartémonos de esas querencias interesadas, porque el Amor en mayúsculas es algo lo suficientemente importante como para que lo dejemos en manos de mercaderes sin entrañas! ¿No les parece?