Sa gleva

Cuando la vergüenza muta en desvergüenza

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No es que siempre la técnica socorra a los partidos políticos en sus marrullerías mitineras, pero tampoco son pocas las veces, en que echan mano de la técnica para ver de quebrar la empatía que el votante pueda tener hacia el partido que le puede ganar en las urnas. Las llamadas redes sociales son también en puridad, una herramienta a tener en cuenta, que por cierto, deben tenerlo bastante en cuenta, ya que son muy empleadas para poner al contrincante a caer de un burro en SMS, tuit y mails. Algunos leen lo reflejado en uno de esos modismos y caen en la trampa ¡Vaya! Cómo ha puesto fulano a mengano, anda que lo que le ha dicho el nota al tontolaba ese del partido. Cuando en puridad, las más de las veces, esos tecnicismos, más que tecnicismos modismos mal usados, lo único que hacen es servir al cobarde para decir lo que no es capaz de decir en persona, y por si le faltase algo, lo sueltan como si fuera cosa cierta, siendo falso de toda falsedad además de ruin. Por otro lado, es penoso oír o ver como algunos políticos intentan emponzoñar la trayectoria política de otros, sin que les importe una higa como tienen el patio de su propio partido, que en ocasiones está hecho un albañal a base de una corrupción tan abundante, que debería judicialmente inhabilitarle para seguir ofertando una trayectoria que presumen limpia, legal y honesta, y menos para aventar corruptelas de sus contrincantes políticos sin presentar pruebas, y peor aún, sin haber pagado ninguna consecuencia penal por haber concurrido con ventaja a otros sufragios.

Parece que en los mítines, orador/a solo debe de estar firme a la hora de criticar cualquier propuesta de un partido contrario, que las suyas propias si acaso, ya se irán modificando sobre la marcha. En eso ya lo decía Winston Churchill, «el arte de la política es decir lo que va a suceder dentro de unos meses y si no sucede, explicar convenientemente por qué no ha sucedido». Total, una adivinanza espesa de la que ya se conoce la respuesta. Van los políticos a los mítines como iba aquel massai con su zurrón al hombro lleno de chinas y el tirador artesano, por cierto, las chinas eran del tamaño de un huevo de tordo, y así que le echaba el ojo a uno de aquellos monos, se daba buena maña para lanzarle un chinazo; mono que se le ocurría saltarse la barda que el massai tenía fijada donde los monos no podían estar, echaba mano de su arsenal y el mono de testículos azules salía chillando como alma en pena. A los mítines también van algunos con el morral lleno de piedras que lanzan al contrincante nada más tener un micro delante; otros se reservan los SMS, los tuit y los mails para tirar la piedra y esconder la mano que está lapidando sin pudor al desventurado que ha sido víctima del deslenguado que se ha cruzado en su camino.

La vergüenza muta en desvergüenza, el pecado y el pecador van de la mano en esa industria de descalabrarse mutuamente los unos a los otros, y en esa desvergüenza hasta los hay que afirman sin pudor que las promesas políticas son para no cumplirlas. Un monumento a la caradura y la desfachatez, el político que dice eso debería ser apartado de la política, no está el votante actual para pagar generosamente a políticos que luego le mienten. El político en su ejercicio debería estar obligado a decir la verdad o callar, claro que, cómo esperar eso en quiénes como testigos son interrogados por un juez y se les olvida casi todo menos mentir y encima no les pasa absolutamente nada judicialmente, cuando ese tipo de mentiras están penadas con cárcel.