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El indulto que se veía venir

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El indulto es tan antiguo como versátil, quizá el que más debería llamarnos la atención es el que concedió Poncio Pilatos a Barrabás haciendo caso al pueblo que prefirió la libertad de aquel mal sujeto a la de Jesús, cuya negación de gracia le supuso el martirio y la muerte por crucifixión.

Indultan en la España taurina al toro por su bravura y nobleza embistiendo, lo que le supondrá al astado, vivir el resto de su vida en la dehesa que le vio hacer. En la Valencia fallera es costumbre indultar a un ninot de no acabar hecho chamusquina «la nit del foc», y aquí, en lo que llevamos de democracia entre los distintos gobiernos que han ostentado el poder, llevan más de 16.000 indulto, que tampoco por eso me parecen pocos, sobre todo por qué según yo lo veo, lo primero que genera un indulto es la modificación de una sentencia jurídica, dictada por un Tribunal para el caso en un estado democrático y de derecho. Ayer decía un «nota» en televisión que el indulto viene a corregir una sentencia excesivamente dura, pues más de 16.000 indultos vendrían a ser un abultado catálogo de sentencias excesivamente duras. Claro que el indulto adolece más que de otra cosa de ser un ejemplo poco ejemplarizante si vemos a buena parte de los delincuentes a quiénes tras la sentencia ya parecen llevar adosado más pronto que tarde la prerrogativa del indulto.

Por no dilatarme en la retórica, me ceñiré a los encarcelados por el asunto conocido como Procés, donde se da la circunstancia que el mismísimo Tribunal Supremo y la Fiscalía han emitido informes completamente contrarios al indulto, y lo que es peor, no es sólo el hecho de enfrentar criterios del Gobierno con el Alto Tribuna, lo peor es que el indulto, en caso de concederse, puede ser un hecho completamente estéril respecto a los beneficios que dicen buscar, por cuanto los propios interesados nos lo han solicitado ni han mostrado interés, y lo que es peor, no sólo no han mostrado ningún signo de arrepentimiento, sino que encima para añadir un último clavo al ataúd, añaden el desafió anticonstitucional de que volverán a hacerlo. Desde esa amenaza la prerrogativa de conceder el indulto es un riesgo que no puede ser obviado en aras de una utopía de la plural convivencia. Me pregunto extrapolando la situación, cómo se podría indultar a unos individuos que en su alocado plan contra el sistema democrático invadieran el Parlamento para exigir la independencia ¿habría alguien capaz de indultar si no mostrasen arrepentimiento y encima dijeran una y otra vez públicamente que volverían a hacerlo? Es un indulto que aparte de otras consideraciones conlleva un serio riesgo para el gobierno que lo conceda porque puede ser completamente inútil. No sé si el Presidente Sánchez y su gobierno se han parado a pensar en los votos que una decisión como esa les puede costar, no sé si han sopesado que puede estar la próxima legislatura en manos de Casado, y lo que es aún más de lamentar, la situación catalana la veo tan enquistada y son tantas las cosas que se han hecho mal, que no creo que las vaya ahora a arreglar un indulto. En cualquier caso, en las cárceles españolas hay centenares de presos merecedores de un indulto, y nadie lo pide y nadir se lo da. Otra situación añadida es qué piensan hacer con Puigdemont y compañía huidos de la justicia, algo habrá que inventar porqué también habrá quien pida su regreso. Ojalá que el indulto sirva para algo más que para esa amenaza tan probable de volver a hacerlo.