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Dios no lo permita

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En matemáticas todo lo que no es exacto es incorrecto, como pasa con las vacunas, que algunas han desarrollado un capítulo de trombos. No creo que le sirva de mucho consuelo a los familiares de quienes han fallecido por un trombo derivado de la vacuna con la que se pretendía salvarle del virus. Parco consuelo se me figura que las estadísticas digan que solo se da un caso por millón de vacunados, si luego resulta que el familiar es el que ha fallecido entre un millón o dos de vacunados.

¿Por qué echamos tanto dinero en la lotería de Navidad? Si fuese una ecuación diríamos que es sencilla, porque la respuesta está en que todos los años hay personas a las que les toca; esa venturosa posibilidad es casi tan remota como el hecho de ser afectado por un trombo fulminante. El problema del trombo es que se te va la vida en esa aciaga ruleta rusa. El Gordo de Navidad hay que tomárselo como una tradición donde descansa su mayor propaganda en los bienaventurados que han sido agraciados. No hay reclamo más eficaz que ese. Por eso precisamente en la mayoría de establecimientos que ofertan algún número de la lotería navideña, podemos ver un enunciado muy sagaz que dice: ¿Y si toca aquí? No son pocos los que ante este reclamo piensan: ¡Anda que si tocara aquí y yo, idiota de mí, sin comprar una papeleta!

Como ustedes ya habrán comprendido, lo del trombo es abismalmente distinto, porque si lo uno es buena suerte, lo otro ya no puede ser peor.

A mi hija de mi alma como profesora que es, le pusieron bien pronto la primera dosis de AstraZeneca, precisamente cuando principiaba a tener mala fama debido a la cantidad de trombos detectados. Baste decir que en una semana han fallecido cuatro personas por la misma causa, con lo que se ha generado el desasosiego que era de esperar. Con todo y con eso, mi hija se dejará inocular la segunda dosis de esta vacuna que ha generado tanta controversia. Sí, ya sé, que el capítulo de posibilidades dicen que es muy bajo, pero mentiría si dijera que el asunto no me preocupa. Extrapolando la cuestión, me pregunto si el año que viene vamos a tener que vacunarnos de nuevo; si como me temo eso va a ser así, esperemos que esta vacuna sea para bien todo lo que se pueda mejorada, por mucho que los oráculos la anuncien como muy segura, total solo causa 3 o 4 de muertes cada 3 o 4 millones de inoculados. Pero fíjense, he reunido el coraje suficiente para decirles que si me tocara a mí lo de roscarla, la estadística de los oráculos se me importa una higa, así de claro.

Los que seguimos teniendo mucho respecto a la anómala situación generada por el maldito virus, que mata sin que le veamos, tan solo padecemos sus efectos, igual que el aire que nadie lo ha visto nunca, pues la covid-19 para verle, tenemos que tener acceso a un laboratorio donde tengan la poderosa lente de un microscopio. En cualquier caso, debemos seguir las recomendaciones a todo lo que nos recomiendan los expertos y los sanitarios, que han luchado y luchan contra este tsunami altamente contagioso y no en pocos casos mortal, porque el virus no se ha ido, y que nadie en su sano juicio creo que se atreva a vaticinar que ya no puede seguir causando lamentables estragos. Dios no lo permita.