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No confundamos las palabras ni los conceptos. Aunque se parezcan. Aunque las emociones nos cieguen. Aunque en política todos los vocablos son pardos. Atravesamos tiempos de encrucijada, laberinto e incertidumbre. Pero un político preso sigue sin ser un preso político. No se persigue a nadie por sus ideas sino por sus actos fuera de la ley. Que la ley no nos guste no nos exime de cumplirla. Un Estado de derecho nos protege pero también nos obliga.

No somos invulnerables. Solo la vacunación general nos inmuniza. Salva vidas y permite una vida social sin restricciones. Ya pensamos en la vuelta de los caballos por Sant Joan 2022 y en seguir los actos protocolarios sin temores ni mascarillas. Eso, si todo funciona. El rebaño inmunizado para que el turismo siga siendo un puntal de nuestra maltrecha economía.

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Creerse que nuestros incumplimientos de la ley quedarán impunes, que estamos por encima de las normas y de los demás porque tenemos una bonita causa, no es de recibo. Aunque tengamos los votos que Sánchez necesita. Aunque pensemos que hará lo que le digamos para mantenerse en el poder. Aunque lo consigamos...

Para aprender a distinguir las palabras solemos construir frases que las contengan. Por ejemplo: «Aprovechando su inmunidad parlamentaria, siguió cometiendo fechorías» O «Al quedar impunes sus delitos, el ladrón siguió reincidiendo». Que cada cual haga las suyas. Aunque, a veces, hablando se enciende la gente.