TW

Localizas esa pequeña columna en la que «Es Diari» da cuenta, diariamente, de la evolución de la pandemia. ¿Habrá habido nuevos casos? ¿Ocupa alguien la UCI? ¿Y en planta? Puede que, en el día de hoy, sea la sección más leída del MENORCA. Cuando los contagios brillan por su ausencia, la vida se te muestra como más amable. Y el sueño y la utopía de que esa pesadilla concluya se te antojan, entonces, como más asequibles. Si, por el contrario, las cifras aumentan, cunde en ti –y en tantos- el desánimo. Ese que llega al paroxismo cuando una cifra se muda en un muerto y ese muerto, de repente, tiene nombre propio, dejando de ser un mero algoritmo… Por no hablar de cuando unos apellidos van unidos a un afecto personal… El «Sorprende y no sorprende», las «Cartas de los lectores», las páginas deportivas, los resultados de juegos de azar varios y un largo etcétera han perdido protagonismo frente a ese rincón que encierra temores, que ha sintetizado tragedias, que diagnostica vuestro presente y dibuja, a grandes rasgos, vuestro futuro inminente…

Pero hoy te empecinas en buscar, entre las páginas de «Es Diari», a esa criatura diminuta, salvadora, la última que salió de la Caja de Pandora y que vino precedida de todo tipo de catástrofes: la esperanza… Y, en este sentido, te agrada constatar como, en las encuestas realizadas a través de la edición digital del MENORCA, una vez cerradas y sintetizadas, la gente da muestras, por lo general, de una enorme cordura y sensibilidad… Entonces esa criatura, diminuta, sí, aparece… O cuando compruebas que (las cifras lo demuestran) los centros educativos han realizado (a pesar de las enormes dificultades con las que se han encontrado) un espléndido trabajo con respecto a la pandemia, ese trabajo, y sólo ese, que hace explicables los prácticamente inexistentes contagios en las aulas. ¿Para cuándo –te preguntas- un reconocimiento o un aplauso para los maestros y profesores, que también se la jugaron? O cuando una carta da réplica a algo o a alguien desde el respeto, la argumentación, la elegancia y no desde el insulto… O cuando una foto te habla de maternidad, de vida… O…

Noticias relacionadas

Es domingo de terrazas mudadas en huertos, de silencios matutinos, de cafés recién hechos en bares donde los parroquianos pugnan, en inequívoca manifestación de necesidad y querencia, por un ejemplar de «Es Diari», de… El mismo diario que incorporará próximamente otra sección, tras tristísimos meses de ausencia: una cartelera de cine… Chapeau! Porque, a la postre, sois muchos, sois legión los que habéis anhelado poder volver a una sala y contemplar una película donde debe ser contemplada, en su hábitat natural… Porque esos muchos, esa legión, crecisteis con el cine… Viajasteis gracias a él, os aislasteis de los problemas gracias a él, vivisteis amores imposibles gracias a él, acariciasteis por vez primera a la parienta gracias a él, vivisteis mil vidas gracias a él… ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo no haber padecido su ausencia? ¿Cómo no sentir la emoción de recuperarlo? De ahí que hoy quieras efectuar un serio ruego al Ayuntamiento de Ciutadella. En esa ciudad ejerciste como profesor durante tus primeros once años de docente, bajo el manto protector, aleccionador, amable del que se convertiría en una especie de buen padre putativo tuyo, bajo el manto de Jaume Pons Vázquez, con quien la vida fue especialmente injusta y desatenta. Esa ciudad que te acogió con enorme afecto. Esa ciudad a la que amas profundamente. Esa ciudad que puede presumir de contar con un bellísimo Cercle Artístic y con el Premio de Teatro más importante de la nación, fruto de una heroicidad y trabajo constantes. Una ciudad que no debe, ni puede renunciar al cine. Las salas están ahí. Únicamente falta la voluntad de abrirlas. Es un ruego y casi, casi, una oración…

A fin de cuentas, esa pequeña criatura, la esperanza, pulula diariamente por vuestras calles, por vuestra vidas. Tal vez sería bueno que os obstinarais en descubrirla entre tanta desgracia y negatividad. Para iluminar, así, un mundo con demasiadas sombras y escasísimas luces…