Somos idiotas. En plural, generalizado y en mayúsculas. Somos igual de idiotas los que toman decisiones idiotas como los que, con sus votos idiotas, han colocado a los idiotas en el sitio donde se toman el lujo de tomar decisiones idiotas. O idiotos, como lo prefieras. ¿De verdad alguien se cree que a los talibanes hay que darles una oportunidad para ver cómo gestionan Afganistán, porque han cambiado, son distintos, no son tan malos como eran? Alguien debería controlar las sobredosis de populismo.

Los talibanes son los amigos del terror, de la masacre, de la barbarie, de los asesinatos, de la tortura… ¿Sigo? Son unos animales que no tienen lugar en un Estado de bienestar. Y la tolerancia debe ser cero, la misma que estos desalmados han tenido en su amplio historial de terapia de gatillo, cuchillo y explosivos con los que han amedrentado tanto su país, como a sus vecinos, como a Occidente.   

Ojo, que entre los de Occidente tampoco estamos para dar ejemplo de nada, ¿eh?, seguramente parte del causante del problema. Pero a mí, si me permites la frivolidad, la verdad es que me viene fatal que vuelvan los atentados terroristas si es que en algún momento se han ido.

Pero bueno, llevamos tanto tiempo con la cantinela de lo de ser políticamente correcto que ahora hay muchos y muchas que miran hacia otro lado o que prefieren escurrir el bulto con un silencio que dice más que lo que calla y que demuestra el nivel del que no habla.

Las imágenes de los talibanes en el gimnasio, jugando y dando a entender que el proceso de toma del país se ha parecido más a un monólogo de Fofito que a un río de sangre, son basura que no debería consentirse, y producto de la propaganda de la que algunos tanto abusan para maquillar toneladas de excremento en forma de decisiones.

¿Sabes? Ahora tenemos un problema. Dentro de un tiempo, tendremos un gran problema que, al tiempo, será un marrón que evolucionará en un gran marrón imposible de gestionar. Y no le falta razón al presidente de Estados Unidos cuando admite que no está dispuesto a enviar sus tropas para que mueran en nombre de un pueblo que no ha querido luchar para intentar evitar el escenario que se ha dado.   

Otra lectura sería, cómo deben ser los talibanes y el terror que imponen al pueblo de Afganistán, que no se han atrevido a levantar la voz por miedo a las represalias. Tengo la convicción de que no se andan con gilitontadas de cambiar el género de las palabras para dar voz al feminismo. Creo que al feminismo le cortan la voz. O el cuello, directamente.

El terror ha vuelto para quedarse y quien no lo quiera ver forma parte del problema. De un problema que nos afecta a todos. Y, sobre todo y más que nunca, a todas.


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