Primer lunes

El parto

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Exponía en mi artículo del mes anterior que la publicación de una novela a escala nacional, por la escasez de ventas, representa un gasto excesivo hoy en día para las editoriales menores, tanto es así que si el escritor no es reconocido, como yo mismo, debe colaborar de ordinario económicamente para soportar, al menos lateralmente, los 500 ejemplares de la edición.

De todos modos no es un inconveniente grave el desembolso, al fin y al cabo uno es recompensado con una cantidad de ejemplares o alguna otra componenda a negociar. No se trata, en fin, de dinero, al menos en mi caso. El inconveniente que me ha inducido a no conceder mi beneplácito a ninguna de las editoriales interesadas en publicar mi tercera novela, es por no disponer de mecanismos para promocionarla, lo sé por experiencias anteriores. Ninguna connotación tienen con una editorial renombrada que, además del sello, garante como es, articula palancas capaces de distribuirla convenientemente y auparla hasta los lectores, que al fin y al cabo, de esto se trata. Por ejemplo, solo ellas tienen de ordinario acceso a introducirse en las 6500 bibliotecas que hay en España, que disponen de 22 millones de usuarios, por editar los nombres propios de la narrativa, no por otra cosa, ya que lógicamente las bibliotecas deben apropiarse de las mejores obras. En fin, podríamos argumentar, que la diferencia entre una editorial mayor y una menor, es como si un producto comercial –como es al fin y al cabo un libro- se queda en la trastienda en vez de exponerse en el escaparate.

Otro inconveniente que me detuvo esta vez a publicar la novela con una editorial menor fue el hecho de tener que esperar de año a año y medio para su publicación, por tener todas ellas previsiones anteriores, planificadas como están naturalmente las sucesivas ediciones... algo contrario a mis deseos, tantos como tengo de dar a luz a mi libro, después de cinco años de gestación.

Mientras le daba más vueltas al asunto que los indios a una hoguera en las películas de cowboys, surgió al fin claramente la idea, la idea precisa, la idea capaz de contentarme en todos los aspectos, avivada por el fuego de mi imaginación, no de la fogata sioux.     

Verán, como yo creo que mi hijo es sano, sutil e inteligente, aspiraba a que esta vez viniera al mundo en una cuna noble y no en una humilde como sus hermanos. Pero, ahora mismo, están colapsadas las vías introductoras, algunas no admiten ni siquiera manuscritos, en fin, sin noticias de Anagrama, Alfaguara, Seix Barral y poco más, y teniendo en cuenta mis deseos de parir mi novela cuanto antes, me vino a la mente editarla yo mismo… Sí, editarla yo mismo. Porque otro inconveniente que aportaba publicarla con una editorial menor es el hecho de que pasa a ser suya, así lo alegan los cinco años de retención, rubricado en el contrato.

Puso la guinda a esta idea que tuve danzando, ensimismado, alrededor de la hoguera, enviar un ejemplar, una vez editada, a las cincuenta mejores editoriales del mundo: cuatro españolas,    dos italianas, dos francesas, dos alemanas, dos inglesas, una holandesa, una sueca, tres yanquis, una mejicana, una argentina, etc..., hasta cincuenta,    y esperar que alguna quiera exponerla en su escaparate, … y si resultara que ninguna la cree merecedora de tal ennoblecimiento, al menos me respaldará, saber que he actuado con la coherencia que concurre en el caso.

Esta fue la idea matriz.

Sorprendentemente unos días después, a través de contactos, me di de bruces con una empresa gráfica, experimentada, que podía imprimir y distribuir la novela e inmediatamente, sin esperas, pasé de la idea a los hechos.

El libro está en marcha, entró ya en el paritorio, la ecografía muestra claramente la cabecita, la portada de la novela, como pueden ver, a modo por cierto de una biografía. El próximo mes por fin nacerá mi hijo no sé si bajo el signo de Libra o de Escorpio. Podré descansar finalmente del embarazo y buscarle un hogar noble para que crezca saludablemente y no se anquilose como sus hermanos.