En la empresa privada, donde figuran los trabajadores por cuenta ajena, es de obligado cumplimiento el esfuerzo diario para alcanzar el cometido asignado, no hay otra.

Si rindes, continúas, si demuestras capacidad para la labor encomendada, también, pero en caso contrario lo más probable es que acabes con tus posaderas en la calle, salvo que dispongas de una buena red protectora.

La relación de puestos de trabajo que muy de tanto en cuanto encargan las administraciones persigue, a priori, mejorar la organización del personal y optimizar los recursos disponibles. Se trata, en cierto modo, de someter a una auditoría el funcionamiento de los diferentes departamentos que integran un organismo público.

Algo que resulta tan habitual como lógico en la empresa privada debería serlo también en la pública por más que los funcionarios sean fijos o interinos. Los hay que no dan abasto para sacar adelante la labor que les corresponde pero también los hay que minimizan su jornada, sencillamente porque tienen muy poco que hacer. Son los casos de departamentos sobredimensionados, por ejemplo, u otros donde la actitud debería corregirse para una mayor eficacia en beneficio del ciudadano.

Por todo ello, la relación de puestos de trabajo, a modo de auditoría anunciada esta semana por el Ayuntamiento de Alaior, que ya ha inquietado a los sindicatos, debería aplicarse con mucha mayor asiduidad en todas las instituciones y organismos públicos. Cambian las situaciones, se modifican las urgencias y todo ello redunda en una necesaria reorganización laboral para ajustarla a a las necesidades de la época.

No se puede vivir del estatus permanentemente y cada año solicitar el aumento salarial correspondiente, incluso en época de pandemia cuando a la mayoría del resto de trabajadores les ha menguado la nómina.