¿Cómo lo llevan queridos lectores? Espero que vayan navegando con la mejor mar posible y una buena tripulación -empiezo con metáfora marina por eso de que vivimos en una isla- y que les haya quedado ya claro que el trabajo no dignifica, es más, en muchas ocasiones humilla y castiga. El trabajar solo dignifica cuando supone una remuneración justa, con unas condiciones adecuadas, en la que uno se siente valorado y con ese intercambio de tiempo y talento por dinero recibe lo suficiente para pagar casa, alimentación, cultura y ocio. Hoy en día muchos curros no dan ni para pipas, y las condiciones de los mismos se asemejan más a la de los recolectores de algodón de Alabama en el año 1800, conocidas históricamente como esclavos, que a ciudadanos europeos, supuestamente libres, en pleno siglo XXI.   

Muchos que lanzan el discursito mesiánico de que el trabajo nos hará libres, de que el que no trabaja es porque no quiere, de que el que se esfuerza lo consigue, de que este es un país de vagos y picaros, y tanto tonto tópico de ese estilo, es porque residen en el barrio de La Moraleja de Alcobendas en Madrid, o se ha tragado doblado, y sin rechistar, el discurso que los habitantes de dicho barrio le han vendido envuelto en bandera y mancillando la palabra «libertad». Vamos a intentar explicarnos en el siguiente párrafo, que ahora nos vendrá de coña un modesto, pero efectivo punto y aparte.

La Agencia Tributaria ha publicado la renta media bruta por habitante y por barrios en España, y en dicha publicación se puede comprobar que el barrio con la renta más alta de todo el país es de La Moraleja con unos 245.400 euros anuales por cabecita, y por qué será, porque curran como mulas de sol a sol dejándose la espalda y el intelecto y los dioses del trabajo les bendicen con ánforas repletas de monedas de oro, pues va a ser que no, porque solo un tercio de estos ingresos provienen de las rentas del trabajo, el resto, ¡oh chorprecha!, es decir, la mayor parte del money de estas personas procede de capital financiero, los bienes inmuebles, y las ganancias patrimoniales. Al parecer cuanto más rico es el barrio menos se curra y más se gana por eso de que el dinero genera dinero, y jugando un poquito al Monopoly vivo como un dios, o como un rey, que para el caso.

Y en la otra punta de ingresos encontramos el barrio del Carrús en Elche que es el más pobre de todo el país con una renta bruta anual de 15.542 euros. Es decir entre el barrio más forrado y el más humilde tenemos una diferencia de billetitos por persona y año de alrededor de 229.858 euros. Y esa brecha entre ricos y pobres está aumentando a la velocidad de la luz, venga, ya sé que soy cansino, pero hay que decirlo hasta que se nos sequen los labios, ricos cada vez más obscenamente ricos, y pobres cada vez más humillantemente pobres.

Y lo chungo de esta situación es que hay personas en barrios muy pobres, que se tragan que los del barrio rico lo son porque curran mucho, y que además las ideas políticas de este grupo son las buenas. Vamos, que se zampan sin pestañear que el patrón es bueno, que solo usa el látigo con los que se lo merecen, que si él trabaja duro y sin rechistar el amo le dejará sentarse a su mesa, siempre y cuando haya recogido el suficiente algodón.

Y cerremos con la frase que se le atribuye al gran pensador mexicano Cantinflas: «Algo malo debe tener el trabajo, porque si no los ricos lo habrían acaparado». Después de un sabio solo toca callar. Feliz jueves.

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