Deseo, queridos lectores que todos los que se encuentren positivos pronto vean la negatividad, y que además salgan con trillones de anticuerpos; y deseo, también,    que los negativos no sean positivos nunca, y de hacerlo, les pase pronto y leve. Sé que me repito más que el ajo, y aunque no es excusa ni justificación, situarme enfrente de los opinadores neoliberales, que directamente se auto plagian día tras día y cuentan con la soberbia suficiente para presentarse siempre como sabios originales y profetas infalibles, tiene un coste. Resumiendo, me repito, hay muchas cosas que no tengo claras, me contradigo, no tengo soluciones, considero que mis opiniones no tienen mayor relevancia, no represento a nadie, odio a los gurús y a los voceros panfletarios que van de especialistas en todo y lo único que hacen es ladrar cuando sus amos se lo mandan, me avergüenzo de que a Inda y Ana Rosa se les llame periodistas, a Paquirrín músico, a Toni Cantó actor, a Master Chef programa de cocina, y entono el mea culpa por no conseguir un cambio en las leyes para que prohíban, de una vez por todas, la tortilla de patatas sin cebolla.

Y a pesar de todo eso, semana tras semana recibo la respuesta cariñosa de un buen puñado de lectores. Para flipar en colores, me sigue pareciendo un misterio que se pongan al otro lado de mis palabras y pierdan sus cinco minutos semanales en leer lo que piensa este mono descerebrado al que le han regalado un teclado retroiluminado para compensar con sus lucecitas las que le faltan a mi cabeza. Y les juro por lo más sagrado que tenemos los ateos, la honestidad y el lúpulo, que este rollo no va de falsa modestia, va de sinceridad, palabrita de colchonero miope.

Y dicho esto, les garantizo mi total sinceridad cuando confieso que bostezo ante la mayoría de noticias que ocupan las portadas de los medios de comunicación, y copan las redes sociales de hashtags y cleakbait. Veamos    unos cuantos ejemplos después de los dos puntos: el tema del mejor tenista del mundo con un cerebro muy chiquito, bostezo. Enésimo bulo sobre las declaraciones de un ministro y sujetos que defienden las nefastas macrogranjas, bostezo. Nuevo rumor sobre posibles cepas devastadoras que nos llevaran a «Walking Dead», bostezo. Nueva gansada de cualquier político y muy en especial, pero mucho, mucho, de algún político xenófobo, clasista, misógino, corrupto, homófobo y poco amante de la democracia, bostezo.    Noticia de un nuevo sarao en Downing Street organizado por el fiestero -tiene cara de cerrar raves- de Boris Johnson, bostezo. Nueva información sobre miembros de realezas corruptos -ahora pasa a primera plana el príncipe Andrés- como si las monarquías no fueran corruptas por naturaleza, bostezo. Y un etcétera más largo que la subida a pie a Monte Toro, qué pasa, ya sabemos que sólo mide 358 metros de altura, pero es el nuestro, el de Menorca, así que a muerte con él.

No sé que piensan ustedes, pero a veces    me siento como el gato al que hacen perseguir la luz de un puntero laser, y el pobre animal no es consciente de que el dueño del puntero lo lleva por donde quiere y como quiera, y además ignora que esa lucecita es una chorrada imposible de alcanzar. Y mientras miramos todos para el mismo lado descuidados las cositas que hay fuera de foco, las que pasan a nuestro alrededor, las que se mueven en las sombras mediáticas, las que seguramente tienen una importancia real, y nos la meten doblada una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… Feliz jueves.

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