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Se acaban de cumplir diez años de la muerte de Manuel Fraga Iribarne y la covid ha impedido que se celebre un funeral en su recuerdo, en su Galicia natal. Lo primero que me viene a la memoria del personaje es su famosa imagen radiactiva dándose un baño con calzón «Meyba» en Palomares.    Y luego, algunos exabruptos como aquel de «¡la calle es mía!», que espetó en su etapa de ministro de Interior con Arias Navarro.

Pero Fraga dio al país más que esos flashes celebérrimos:    fue, entre otras cosas, uno de los padres de la Constitución que trajo la democracia a España. Y ese es siempre un buen motivo para estarle agradecido.

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Otra razón, más prosaica pero no menos importante, para honrar la memoria del político gallego es que en su etapa de ministro de Turismo, con Franco,    creó en 1964 el entonces llamado menú turístico, que originariamente era obligatorio y a precio tasado para todos los establecimientos que lo servían. Al principio creó muchos problemas, pero finalmente derivó en el menú del día o menú de la casa que encontramos hoy a diario en la mayoría de restaurantes españoles.

Esa comida de tres platos, cuando es de buena calidad, es seguramente uno de los más suculentos atractivos turísticos de nuestro país, por lo que no podemos negar esa contribución indirecta al despegue económico. En otros destinos es difícil encontrar fórmulas similares que hagan que comer fuera de casa sea tan fácil y asequible sin tener que recurrir a los adocenados locales de comida rápida.

Donde quiera que esté, bon appétit!, don Manuel, brindamos por su idea.