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No se corresponde con el destino amable que se pretende transmitir de Menorca la repetida imagen de colas en las paradas de taxis, broncas entre quienes la forman, o la frustración de hoteleros y restauradores cuando los clientes recurren a ellos para solicitar un taxi. La demora puede alcanzar los 45-60 minutos, como sucedió el año pasado en julio o agosto.

Entonces las quejas se multiplicaron por el mal servicio y tuvieron su epicentro en Ciutadella, donde la demanda reveló una planificación deficiente    que tuvo como punta de lanza a los propios taxistas, reacios a que se activaran las licencias temporales otorgadas al municipio.

En verano los taxistas titulares en la Isla acumulan un dineral, ganan suculentísimas sumas que deben prorratear durante el resto del año, como les sucede a trabajadores de otros sectores que viven del turismo.No sorprende, por tanto, la resistencia que ofrecen ante cualquier medida que suponga más competencia y reducción de ingresos.

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La evidencia de lo ocurrido ha activado dos intervenciones necesarias que van a permitir solucionar el problema en la temporada que se avecina. Por un lado la determinación del Consell, a través de la consellera de Movilidad, Francesca Gomis, quien arengó a los ayuntamientos para que tramitaran las licencias estacionales o lo haría directamente el Consell, y la por otro, la aceptación resignada de la mayor parte del gremio.

De esta forma el número de vehículos en circulación -más de 200- aumentará un 44 por ciento. Se trata de una oferta disponible, en principio suficiente, para atender a toda clase de turistas, también los de mayor poder adquisitivo, de ahí que la consellera haya justificado la concesión de otros 20 permisos para vehículos de turismo con conductor (VTC).

Un buen servicio para la movilidad de turistas durante su estancia es otro apartado excelente para fortalecer el destino y facilitar que el que viene una vez, vuelva. Y ahí también saldrán favorecidos los taxistas. Todo suma.