Lo del domingo 19 de junio, día de las elecciones andaluzas, debería causar sonrojo a los socialistas y resto de partidos que concurrieron al soberano varapalo que les endosó el PP en las urnas. Ni los propios políticos del PP andaluz habían calculado en sus mejores sueños una victoria tan contundente. Señor Casado, ¿cuántas veces desde estas mismas páginas le dije que estaba usted obsesionado en llevar la sal gorda en el verbo, la ofensa y la descalificación? Eran la misma cosa. Ya le advertí que así no iba ir usted nunca a la Moncloa. Usted se dejó llevar por quienes, con la palmadita en la espalda le estaban empujando al precipicio del olvido. Mírese ahora en el espejo del señor Bonilla. Lo de Ciudadanos eran habas contadas. Es un partido que se va consumiendo a sí mismo, elección tras elección. Juan Marín, ese señor por el que usted me pregunta ya no está en el partido. Los mítines que les ha soltado a los andaluces han caído en barbecho, en tierra estéril. Ha hecho usted, eso sí, lo que tenía que hacer, dimitir antes que el gallo cantase (se lo pidiesen los afiliados).

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La contundente victoria de Juan Manuel Moreno Bonilla lleva adosada la hartura de Andalucía hacia lo socialista. Una hartura que se magnificó, que tuvo su epicentro en aquella nefasta gestión de Chaves y Griñán con los ERES. O lo de aquel otro que según su santa madre tenía almacenados suficientes billetes de 500 euros «para asar una vaca». El caso es que el PSOE ha conseguido el peor resultado en la historia de las elecciones democráticas en Andalucía, con 30 escaños, a diferencia de un PP que logra 58. Una victoria sin paliativos. Ahora vendrán los negados de siempre a decir esa tontería de que eso se debe a que hacía mucho calor por eso la gente se quedó en casa o se fue a la playa. ¡Hombre! Esa misma excusa se la podríamos aplicar al PP porque también tendrían calor, digo yo, y playa donde mojarse el culo. Pero mira tú por donde, prefirieron ir a votar. Es que esa no es la madre del cordero señores socialistas. No tengo la varita mágica para saber cómo analiza el PSOE semejante batacazo electoral, pero el PP ha conseguido 678.000 votos más. Como diría el otro, urge a los de Sánchez hacérselo mirar porque el votante está muy harto de un gobierno (y me refiero al actual) que está más veces a la greña entre sus propios ministros que en visible armonía y el votante percibe estas cosas. Ministros, ministras, que cuando dejen los ministerios se irán sin haber aprendido el oficio por más que sea verdad que nadie nace ya ministro como nadie nace patrón de barca o albañil. Todo lo tenemos que ir aprendiendo. Algunos lo consiguen, otros no y acaban por ser marineros de agua dulce a todo lo más. O albañiles que no saben para qué sirve una plomada. Pedro Sánchez sabe que los socialistas no habían perdido nunca en Sevilla ni elecciones generales ni autonómicas, ni europeas ni siquiera municipales. En el 2004 y 2008, el PSOE andaluz superaba los dos millones de votos; en las del día 19 no llegaron ni al millón, o dicho de otra manera, los socialistas en Andalucía han llegado a perder hasta el «oremus». Y si el nuevo gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla no se sube    a la parra de la euforia y maneja su ganancia, los socialistas van a estar años para renacer de sus cenizas. Ganar, señor Bonilla, es una cosa, administrar lo ganado es otra. Usted sabe que no ha ganado solo por lo bien que lo haya podido hacer sino por lo mal que lo han hecho otros. Si es usted tan templado como parece, si además Alberto Núñez Feijóo deja que sea el Bonilla que los andaluces han votado el llamado «cortijo» socialista, ha echado las persianas para mucho tiempo.

No alcanzo aún a comprender cómo a los políticos no les entra en la cabeza que las llaves de las urnas las tiene el votante y que con el gobernado no se pueden hacer mangas y capirotes. Esperemos por el bien de la democracia que el varapalo recibido les sirva de algo. Si no es así, que se vayan a su casa.