El suplemento de la semana pasada que viene con el Diario MENORCA llevaba en su portada un bonito dibujo de Mariscal y la frase «Así se crea la felicidad». Los científicos afirman que es una habilidad que podemos aprender y las empresas dicen que puede ser muy rentable. Cada uno utiliza su lenguaje y su óptica particular. Sería un buen tema para La Clave, el gran espacio de debate libre y educado de la Transición, moderado por José Luis Balbín, tan lejos de los programas espectáculo actuales, de una mediocridad e ignorancia aplastantes.   

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Yo pensaba que la felicidad no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Algunos la confunden con bienestar, optimismo, motivación… pero la felicidad no es una cosa que se pueda adquirir (el dinero no da la felicidad) ya que el materialismo es muy limitado. Puedes comprar un rato de placer, pero hay pequeños y grandes placeres que no tienen precio. Valoramos poco lo que es gratis. Va más de experimentar que de poseer. A veces, la felicidad tiene nombre de mujer, prójimo, familiar o amigo. Conjunción misteriosa de circunstancias y cualidades favorables que pasan por evitar la soberbia, la ira, el odio, la envidia… es difícil definirla, aunque somos más conscientes de lo que no es cuando probamos su reverso, cuando la perdemos o nos falta.

La felicidad (o momentos felices) la encontramos cuando estamos ocupados con cualquier otra cosa positiva y renunciamos a ser desgraciados.