¿Cómo están, queridos lectores? Espero que mantengan los niveles de cortisol a raya, ya saben que el estrés aumenta los niveles de esta hormona a parámetros estratosféricos y eso es súper chungo para nuestra salud. Según dicen los que saben de esto, el aumento de cortisol tiene efectos devastadores para nosotros como: palpitaciones, cansancio crónico, irritabilidad, dolores de cabeza, problemas musculares y además nos deja sin sentido del humor. Así que un poquito de cortisol, guay, porque nos prepara para responder a situaciones de emergencia lo mejor posible, pero cuando se dispara en intensidad y se alarga en el tiempo la cosa se pone más jodida que para un racista hacer una oración subordinada, que para un rey contar sin usar los dedos de la mano, y que para un neoliberal leerse, y entender, un ensayo sobre la empatía.

Soy consciente de que es extremadamente difícil mantener el estrés en márgenes saludables, de hecho el contexto no ayuda. A los que manejan el cotarro les va de perlas que andemos siempre con la lengua fuera corriendo de un sitio para otro con el único objetivo de producir y consumir, así nos convertimos en completamente inofensivos, en completamente sumisos, en completamente idiotas sin tiempo para una mínima reflexión que nos ayude a entender, aunque sea mínimamente, el juego tan perverso en el que nos han embarcado; ríete tú de «El juego del calamar», esta serie de ficción se queda al nivel de una inofensiva partida de parchís si analizamos realmente lo que están haciendo con nosotros, lo que nos estamos dejando hacer, es más, lo que pedimos que nos hagan a gritos, porque el nivel de manipulación ha llegado a tales niveles, que les juro que a veces me molaría ser cospiranoico y pensar que vivimos en un puñetero matrix.

No tengo ni pajolera idea de cuál sería la solución a tanto bombardeo mediático para que siempre estemos temerosos, tanto bombardeo mediático con apocalipsis varios ha conseguido que nuestro mayor objetivo sea quedarnos como estamos. Tanta basura manipulada nos echan encima que nos están robando las ganas de pasarlo bien, y las ganas de gritarles a la cara que su sistema es una mierda de dinosaurio y punto.

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Y después de un párrafo más pesado que un cuñado en Nochebuena, tiro de cita para aliviar la cosa, se le atribuye al escritor y filosofo americano Elbert Hubbar, pero se hizo tan popular, viral se diría ahora, que la autoría da un poco lo mismo, ahí va: «No te tomes la vida demasiado en serio. No saldrás de ella con vida». Recuerden que el cortisol nos quitaba el sentido del humor, así que no le dejemos, además eso de reírnos tiene ventajas añadidas, y aquí meto una segunda cita, en este caso del escritor y pacifista israelí Amos Oz: «Nunca he visto a un fanático con sentido del humor, ni nadie con sentido del humor que sea un fanático». Perdón por abusar de las citas, pero cuando encuentras que otro ha escrito de forma magistral lo que tú piensas no hay nada mejor que ayudar a difundirlo, retuitearlo se diría ahora.

Lo he dicho «cienes y cienes» de veces, pero hay dos trincheras a las que no deberíamos renunciar si queremos seguir navegando con cierta dignidad: el amor y el humor. El amor entendido en el sentido más amplio posible de la palabra, hacia todos y todo lo que merezca la pena sin caer en el buenismo más gilipollas. El humor sin límites, sin neoinquisidores que nos intenten tapar la boca para volver a siglos anteriores. Y cómo no, el lúpulo compartido es el mejor camino. Feliz jueves.

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