Cualquier aficionado a seguir la actualidad nacional habrá advertido que algo se mueve en las esferas políticas desde hace meses, sencillamente, porque el año electoral aparece en apenas 90 días. Hay muchas sillas en juego, muchos sueldos golosos por lo bien que se vive del dinero público como para no echar el resto, mantenerse en el poder o alcanzarlo.

Podrían interpretarse en clave electoral los anuncios de los gobiernos autonómicos conservadores propugnando bajadas fiscales, entre ellas la supresión total o parcial del Impuesto de Patrimonio, si no fuera porque otros ejecutivos de izquierda han desafiado al de la nación y están siguiendo el camino que han marcado en Madrid, Andalucía, Murcia y Galicia. Las encuestas que ponen por delante al PP son un indicativo peligroso y con los votos no se juega, habrán pensado los barones socialistas que están dando esquinazo a Pedro Sánchez.

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Se fractura el discurso que casa con esa supuesta ventaja moral porque el progresista es más sensible a las clases medias y bajas que el conservador. Al presidente le han pixelado la fotografía complaciente en la que incrementa la presión fiscal para los más ricos y ha tenido que dar un significativo paso atrás.

En una estrategia diseñada, el PP se ha lanzado a las disminuciones impositivas para aliviar la maltrecha economía del español medio. Lo que en un principio se saludó desde el gobierno como un ardid populista para captar electores se ha convertido en una hoja de ruta, con matices, también para otros socialistas -Armengol, por ahora, no está entre ellos- a los que ha tenido que sumarse el propio Ejecutivo. Se pueden estudiar rebajas selectivas, dice ahora la ministra de Hacienda cuando hace una semana lo consideraba imposible y negativo.

Sánchez maneja el gobierno que ha tenido más recursos económicos desde el regreso de la democracia pero aquí cada día cuesta más completar la lista de la compra porque la escalada de precios no tiene fin. Reiterar ayudas a los más desprotegidos es obligatorio pero acabar con impuestos crueles, injustos, que erosionan el presupuesto familiar lo es tanto o más. Se trata de gestionar mejor y no de repartir limosnas.