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Quien siembra populismos, recoge calamidades. O algo así era el refrán. Si bien hay cosas que no dependen de nosotros y de lo que hagamos, muchas veces recogemos las consecuencias de nuestros actos u omisiones. Una cosa es lamentarse y otra intentar comprender lo que pasa a partir de sus causas, origen o antecedentes. Con calma y sangre fría. Ahora sembramos el futuro y aunque sea una modesta semillita, seguro que va a crecer y a dar sus frutos, que recogeremos dentro de un tiempo determinado, para bien o para mal.

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En Italia han votado a la extrema derecha. ¿Alguien sabe por qué? ¿Puede pasar algo parecido en España? Habría que analizar las causas, motivos, los secretos del voto que premia o que castiga. ¿Por qué se abstienen tantos? ¿Qué ha pasado con la izquierda? ¿En qué se está equivocando para que la gente le retire mayoritariamente su confianza? Si preguntamos a esa misma gente por sus miedos, sus cabreos, sus sueños y sus desilusiones, encontraremos pistas que nos conduzcan a Melloni, Salvini y Berlusconi.

Olvidemos prejuicios, simplismos, espejismos y eslóganes vacíos para ir hasta el meollo del asunto. Ver más de cerca lo que vive la gente y cómo vive, y no tanto lo que dicen los políticos, los demagogos, los salvapatrias y los telediarios. No hemos conseguido que la política sea una ciencia rigurosa, ni un arte, ni un servicio desinteresado a la comunidad… se va a quedar en triste negocio y pasatiempo.