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Ya sé que cuando lleguemos al fin de los días seguiremos hablando del transporte aéreo y posiblemente de la carretera general. Es verdad que de los dos temas estamos agotados. Lo preocupante de la movilidad aérea es que el espejismo de la mejora de las condiciones para los residentes, disparando el descuento al 75 por ciento, topa con la sensación real de que lo esencial sigue pendiente de solución. Esta idea se confirma con ejemplos concretos de los últimos días, que demuestran que la oferta ha mejorado para los turistas y no lo ha hecho para los residentes.

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Ha entrado en vigor la OSP con Madrid, que nos ha de garantizar a los residentes la comunicación con la capital durante el invierno. Y resulta que los vuelos van saturados porque se llenan con turistas del Imserso. Además, la mayoría de vuelos sufren overbooking, algo contradictorio con un ruta de servicio público, financiada con dinero de los presupuesto del Estado. Los que se quedan en el suelo son los menorquines, porque quién se atreve a dejar sin plaza a un jubilado, a separarle del grupo con el que comparte y compite en el buffet libre del hotel. ¿Qué sentido tiene invertir recursos públicos en vuelos saturados? ¿Quién controla estos incumplimientos de la OSP? Las expertos de las compañías siempre han ganado el partido de la negociación aérea con los funcionarios que nos representan.  Por goleada. Por eso, se puede afirmar que a quien más ha beneficiado la mejora del descuento es a esas empresas.

Este invierno, Menorca tendrá nueve rutas, cuando estábamos acostumbrados a las tristes tres de Palma, Barcelona y Madrid. Una mejora, en parte gracias a la aportación económica del Consell (París y Londres), que recibe Vueling, la compañía que mantiene el mercado cautivo de la ruta con Barcelona. La gestión pública hoy se dirige más al turismo que alarga la temporada que a las necesidades de viajar de los menorquines. Queda claro que la economia first.