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La alimentación siempre ha sido un tema fundamental desde que el hombre es hambre. Las noticias sobre la hambruna provocada por la guerra en Ucrania (llamada «el granero de Europa») y las dificultades del suministro producen escalofríos.

Mientras millones de personas ven amenazada su existencia debido a la inanición, en la sociedad opulenta se produce un gran despilfarro de alimentos. La sociedad de consumo, que tanto bien nos ha hecho en muchos aspectos de nuestra vida, implica también la necesidad de compras compulsivas más allá de lo necesario. Y el mundo oscila entre el lujo y la miseria. Entre lo crudo y lo ultraprocesado. Entre el centro y la periferia. La famosa lista Forbes nos habla de los más ricos. La lista de los más pobres es innumerable. Y la desigualdad económica crece y crece sin que nadie consiga evitarla.

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Demasiados asesores y gastos superfluos coexisten con nuestra creciente pobreza como país. El CIS (Centro de Investigaciones Sanchistas) demuestra que los sondeos pueden servir para la propaganda partidista. Colonizando las instituciones se degrada la libertad ante la apatía mayoritaria. No importa equivocarse en los sondeos, debe pensar Tezanos, si los efectos de marketing ya se han conseguido.

Desperdiciamos el tiempo en múltiples enfrentamientos artificiales. Lo que no nos podemos permitir es despilfarrar inteligencia y tolerancia porque, si nos quedamos sin ellas, las vamos a pasar canutas.