Hace años, cuando te prohibían hacer algo, uno pensaba que era por tu bien y no entrabas en análisis porque como las normas eran dictadas por personas a las que admirabas y respetabas, las aceptabas aunque fuera a regañadientes. Hoy el tema ha cambiado y nos movemos en un mundo de prohibiciones.

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Todo lo que hace unos años estaba permitido hoy ya no en su totalidad o en parte y si rascas en su superficie te darás cuenta que la mayoría de esas prohibiciones van aparejadas a un afán recaudatorio o sea, el que la hace la paga, aunque ese hacer sea de lo más inocente o por puro desconocimiento. Si es usted un jubilado o en vías de llegar a serlo, es recomendable hacerse con el manual de las prohibiciones, porque al jubilado se le prohíben más cosas que al resto de los ciudadanos. Se le dirá que es por velar por su seguridad pero no, aquí lo que se trata es que el jubilado tenga cuantas menos salidas mejor, que se mueva lo menos posible y que se aburra al máximo y si es usted aficionado a salir de pesca con su caña, ojito donde planta su caña, revise su carnet de pesca y no pesque pequeñitos y sobre todo, cómo inserta al gusanito porque si lo atraviesa a fondo con el anzuelo, los animalistas se le van a lanzar a la yugular previo pago de la correspondiente multa.

Al gusanito hay que ponerlo en el borde del anzuelo en paralelo a la pata y sujeto con celo, pero que se sienta holgado por si decide soltarse antes de acabar en las fauces de algún «mabre» o variada. Muy probablemente usted no pescara ni uno pero la jornada de pesca se le hará eterna y eso sí, el contacto con la naturaleza hará que regrese a su casa con el espíritu como nuevo, pero sin comprender nada y un pelín cabreado.