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Ring... ring...                                                                       

- Hello good morning, Joe Biden on the device.                                                               

- Joe Biden himself in person? The president of the free world?

- Yes, indeed. I believe it is me.

- Wow! We can speak in spanish, I think you master it from when you lived in Texas.

- Ok. Claro en castellano, ¡cómo no!

- No esperaba que me atendiera directament usted, suponía que se pondría el asesor del secretario del equipo presidencial encargado de la imagen institucional y supervisado por un responsable de prensa.

- Bueno, aquí no hay nadie. La Casa Blanca vacía. Mi responsable de campaña dimitió, mi equipo de asesores en la Copa América, me han dicho; las cuatro becarias han dejado el master, las maquilladoras no han aparecido, ni ellas ni mi cuidadora. Estoy absolutamente solo. Jill en la Martinica. No sé qué le ha dado a todo el mundo. Solo ha quedado Johnny Pacheco. El bueno de Pacheco ha estado de comisión de servicios en España. De asesor de imagen de Yolanda Díaz.

- Bueno, puede que hayan perdido la confianza en usted después del debate con Donald Trump.

- Danger Trump, digo yo. Trump es un convicto y mentiroso, que me montó un asalto a la Casa Blanca. Pero lo añoro. Creo que lo invitaré a jugar una partida de póker en el despacho oval, con Johnny Pacheco y    Stormy Daniels.

- ¿No cree que estuvo un poco ausente en el debate?

- Alguien me cambió las pastillas, seguro. Creo que todo es un complot de mis compañeros de partido, como en una película de Scorsese. Pero estoy en plena forma, se lo aseguro. Ayer fui a la sede del Partido Demócrata para confirmar mi candidatura y no había nadie. Noté frío en mi corazón. Hasta habían descolgado los carteles de Biden for President.

- Ya suele pasar, que son los tuyos que te dejan en la estacada.

- Bueno, no se preocupe, ya me recuperaré. Estoy acostumbrado a caer y levantarme. Soy un resiliente. Ya me lo dijo el presidente Eisenhower, con el que hice la mili, tú aguanta, Joe, que a los alemanes se les acaban la municiones. Estabamos en una playa de Normandía, en Francia. Sí, yo ya liberé Europa una vez y la puedo liberar las veces que hagan falta. En Omaha me ordenaron ir a salvar al soldado Ryan. Estuve con el capitán John Miller cuando murió. Después fui un héroe en la guerra imperialista en Corea, ¿o era en Vietnam? No sé, todos los chinos son iguales.

- Señor Biden, ésta es una actitud muy racista. Además, ni en Corea ni en Vietnam son chinos.

- Bueno, todos son comunistas, que es lo mismo. Y el mundo me necesita para parar a los comunistas

- Ya no quedan comunistas en el mundo, señor Biden.

- Bueno, amigo. Como me decía Eisenhower: pequeño Joe, estás llamado para hacer grandes cosas. ¿O era Roosevelt? Ha pasado tanto tiempo.

- Eso sin duda, el tiempo es inmisericorde.

- Pero conmigo no se nota. Me desplazo tieso como una esfinge, sonrío perfecto como en un anuncio. Mi corazón es joven, si no fuese por los achaques. Qué prefiere usted, ¿una persona formada y pasmada como yo o un criminan convicto y confeso como Donald Danger Trump? Si tenemos que declarar una guerra para salvar al mundo libre, mi mano de almidón no temblará.

- Eso me temo, señor Biden.

- Por cierto, ¿sabe usted a quién tenemos que declarar la guerra? Yo empezaría por invadir Cuba, que está cerquita y nos pondríamos morados de daiquiris, luego Venezuela y Argentina. No, Argentina no, que ahora es de los nuestros. Después invadiremos Israel. Ahora estoy en uno de mis lapsus. ¿Sabe usted si Israel es amigo o enemigo? És igual, se lo preguntaremos después. Desde el río hasta el mar, viva Palestina libre. Luego Irán y luego Vietnam otra vez.

- Vietnam, pero si en Vietnam solo hay turistas americanos. ¿Por qué Vietnam?

- Amigo mío, se me quedó la espinita clavada.

- Pero amigo Joe, ¿no estaría usted mejor en su rancho de Nevada, con sus nietos, en una eterna Navidad? Deje el futuro del mundo en manos de los jóvenes. ¿No hay ningún joven de cincuenta para arriba suficientemente preparado en el Partido Demócrata de los Estados Unidos de América? ¿No cree que tanto usted como Trump estarían mejor en sus mecedoras en el porche de casa?

- Yo, como cantan María Expósito y Vicco: vida ochentera toa la vida entera.

- La letra no es exactamente así, pero entiendo que se resista a darse por vencido antes de la batalla.

- Sí, amigo, hay que ganar la batalla al lado oscuro de la fuerza. Por cierto, ¿usted quién es? ¿No será un trumpista o un periodista del «New York Times»?

- No, presidente. Soy un simple columnista sabatino del diario «Menorca».

- Oh, Menorca. Me acuerdo de Menorca. Estuve allí el día de la inauguración de nuestra base en la montaña de Mahón. Muy guapas, las mahonesas. Muy ricas, las mayonesas.

- No, era Ferreries, Ferreries. Nada, déjelo, para el caso es igual.