¿Eres una persona pesimista?

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¿Eres una persona pesimista?

¿Eres una persona pesimista?

05-02-2018

Siempre me ha llamado mucho la atención que, frente a un hecho concreto, unas personas lo interpreten de forma positiva y otros de forma negativa, siendo, en ambos casos, el mismo hecho.

Lo que está claro es que, no son los hechos en sí, sino la interpretación que hacemos de ellos, lo que nos hace sentir mejor o peor en cada momento.

Es decir, que es el filtro de nuestra mente lo que nos condiciona, a la hora de interpretar algo como
bueno o malo.

Parece que algunas personas tienen una tendencia natural a verlo todo desde un punto de vista más positivo y, en cambio, otras son terriblemente negativas y solo ven fatalidad y mala suerte a cada paso. Unos ven el vaso medio lleno y otros lo ven medio vacío.

Unos llevan las gafas de color de rosa, y otros, las gafas de verlo todo negro. Parecen como las dos caras de la luna, la de la luz y la de la oscuridad.

¿Qué hace que unas personas sean positivas y optimistas y otras negativas y pesimistas? ¿Por qué lo que para unas es una gran suerte, para otras es una fatalidad terrible? ¿Se nace pesimista, o es algo que se aprende?

Mirar el mundo y verlo todo negro. Pensar que nada bueno nos puede pasar y que las cosas acabarán siempre mal para nosotros. Prestar más atención a nuestras emociones negativas. Pensar que no merecemos que nos ocurra nada bueno. Encontrar dificultades en todo lo que hacemos y creer que, incluso los pequeños problemas de cada día, son insuperables. Si nos sentimos así, podemos considerarnos pesimistas.

Pero, el pesimista no nace, sino que se hace.

Algunas personas piensan que son pesimistas por naturaleza. Pero están equivocadas. No nacemos así, sino que es la vida la que nos enseña a serlo. Conforme vamos acumulando frustraciones y experiencias que nos cuesta asimilar, aprendemos a ser pesimistas.

Pero, esta actitud, en lugar de aportarnos algún beneficio, puede, por el contrario, llegar a sumergirnos en un laberinto sin salida, o en un pozo hondo y oscuro.

Nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras actitudes, influyen poderosamente en el resultado de todo lo que hacemos.

Las soluciones a los problemas de nuestra vida, por supuesto que no nos lloverán del cielo, ni serán el azar o la buena suerte los que nos vengan a rescatar.

Pero, no es menos cierto que tampoco todo es tan tremendo ni tan negativo como para rendirnos y tirar la toalla a la primera dificultad. Ni siquiera a la segunda, ni a la tercera. En realidad, a ninguna, por muy mal que nos haya ido hasta ahora.

No se trata de vivir en los “mundos de Yupi” y verlo todo de color de rosa, pero, tampoco, de estar hundidos en el pozo profundo de la negatividad absoluta.

El ser conscientes de nuestros pensamientos y emociones, el intentar ser equilibrados y ecuánimes, a pesar de todo, puede ser la opción más razonable y realista.

Las personas pesimistas creen que no merece la pena luchar porque, hagan lo que hagan, nada va a cambiar ni a mejorar en sus vidas. Se refugian en la pasividad y la desesperanza. Ven la botella siempre medio vacía.

Pero podemos poner remedio a esta sensación de pesar y negatividad. Cambiar de actitud frente a la vida está en nuestras manos.

Tomar las riendas de nuestra vida y apostar por ver las cosas de una manera más positiva, sin duda, repercutirá en nuestro ánimo y nos ayudará a sentirnos mejor y a superar los baches, cuando se presenten.

Luchar contra el pesimismo implica modificar los hábitos que nos llevan a centrarnos en los pensamientos y emociones negativas.

Observar y darnos cuenta de lo que nos hace sentirnos así, es el primer paso.

Muchas veces se trata de descubrir que el pesimismo es una actitud heredada, tal vez, por la educación que hemos recibido en nuestra familia.

En realidad, es un hábito en nuestra forma de pensar que podemos transformar. Cambiar esa inercia automática de pensar en negativo, sería el siguiente paso.

Es habitual que una persona pesimista siempre vea con dramatismo el futuro, pero en la mayoría de las ocasiones, no es más que un miedo que no tiene fundamento real.

Las cosas nunca salen como esperamos, ni por muy negativos, ni muy positivos que seamos, así que, quizás, lo más inteligente sea no tener expectativas de ningún tipo. De esta forma, cualquier cosa que llegue estará bien.

Y eso se consigue no permitiendo que nuestra mente esté siempre sufriendo por recuerdos del pasado o preocupándose por hechos futuros que aún no han ocurrido.

Podemos centrarnos en vivir cada momento con más atención e ir afrontando los problemas conforme se presenten.

Siempre hay alternativas para superar los problemas. Darnos cuenta de que de todo se aprende, por muy malo que sea, y que siempre hay algo de positivo en todo lo que nos ocurre, nos puede ayudar a empezar a ver el vaso medio lleno.

Y tú, ¿eres una persona pesimista?

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