Cena de Maite Arias y Sergio San Juan

Una pareja entregada a su trabajo en la moda, en el lujo, como grandes conocedores que son de un mercado que cada vez es más necesario y exigente.

Palma |

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Esteban Mercer, entre amigos

Álvaro Marañón, Teresa Gaytán de Ayala, Maite Arias, Mercedes Valenzuela, Cristina Macaya, Sonia Valenzuela y Carlos Palacio.

E.M.

Maite y Sergio son una pareja entregada a su trabajo en la moda, en el lujo, como grandes conocedores que son de un mercado que cada vez es más necesario y exigente. Su nivel de calidad en la tiendas que regentan en Mallorca supera todo lo imaginable gracias a una experiencia y profesionalidad que, año tras año, no ha hecho si no aumentar. Su público no es masivo, pero es fiel y sabe lo que quiere.

Sus negocios funcionan porque antes Maite supo recorrer las mejores casas de moda del mundo y supo ganarse su confianza, supo comprar y sabe vender. Es de cajón, pues llevan años en la cresta de una ola furibunda que cambia cada temporada varias veces, así que la cultura que hay que tener es mucha. Y el mundo también. Quizás sea por eso que su cena de verano siempre es la mejor representación de lo que son ellos, de lo que sucede en Mallorca en la alta sociedad y quién es quién en este mundo que parece frívolo y, sin embargo, no lo es en absoluto.

En casa Arias la tradición se sigue a rajatabla, pero se trata de una tradición vanguardista, al servicio de la diversión y el saber vivir entendiéndolo como parte importante de nuestra cultura milenaria. Una vasca y un catalán, mallorquines desde hace muchos años, con una vida social que se distribuye en medio mundo. Se vio el pasado sábado en su preciosa casa de Bendinat, donde nos recibieron como solo ellos saben hacer. Con elegancia, sencillez de toda la vida, que es la más sofisticada. Llamó la atención la elegancia de muchas invitadas, también la de la anfitriona, y fascinó el estilazo de siempre, también tradicional, de la gran Cristina Macaya, que apareció más guapa que nunca.

Se sirvió el cóctel de bienvenida en las terrazas que miran al mar, posteriormente pasamos a las mesas distribuidas alrededor de la preciosa e icónica piscina y se sirvió la cena, ligera y veraniega, con postre de lujo, un cardenal de Lloseta que entusiasmó a todos. La velada se alargó todo lo que se pudo, sin excesos pero con mucha alegría, ganas de fiesta y de vernos todos lo que año tras año tenemos la ventura de ser invitados a disfrutar una de las veladas más bonitas del año mallorquín. ¡Hasta el verano que viene, queridos amigos!

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