Demasiadas prohibiciones
Foto: Gemma Andreu
Cada día son más necesarias las normas. Parece que cuantas más normas haya de obligado cumplimiento más fácil es la convivencia. Si la señal es de prohibido el paso es que nadie puede pasar. Si la señal es de dirección obligatoria es que no hay otra alternativa para nadie. Lo natural no es eso. Por eso la naturaleza de forma simbólica se come las señales prohibitivas. Lo natural y lo ideal sería que cada persona asumiera las normas de convivencia sin necesidad de cumplir la letra y respetando el espíritu. La cantidad de normas es directamente proporcional al fracaso de la educación. Pasa lo mismo que las leyes. Cada nuevo gobierno las multiplica, las acumula, las complica hasta crear una red que nos atrapa en la burocracia. Estamos en el lío infinito. Es evidente que no existe el mundo perfecto y nuestra sociedad está lejos del modelo ideal. Pero eso no evita que la máxima de cuantas más normas mejor deshumaniza a los ciudadanos.
También en Opinión
- Que la preciosa cala de Rafalet, en el término municipal de Sant Lluís, amaneciera...
- El nuevo capitán de la Guardia Civil visita las instituciones de Menorca
- La basura invade el polígono de Maó a la espera del permiso para instalar las cámaras de vigilancia
- La Associació Balls de Saló celebra 30 años con mucho ritmo en Ciutadella
- Sant Joan: estas son las novedades aprobadas sobre la participación de cavallers y horarios