Tribuna
¡Oh, sorpresa!
Cuando la tercera parte de la población es expulsada de un país, que no otra cosa que expulsión es la emigración forzada, no es sólo que las cosas en ese país no anden bien, sino que el Estado que lo rige no es exactamente el Estado del país, sino su principal enemigo. Nicolás Maduro, que controla todas las instituciones estatales de Venezuela no es, desde luego, el que ha inventado ese sindiós, pero sí, probablemente, su mantenedor más burdo. ¡Oh, sorpresa! ¡Maduro, reelegido! ¡Quién podía imaginar semejante cosa! Los dictadores sienten, como se sabe, una férvida inclinación por las «formas» de la democracia, pues al suponer que ésta es una mera cuestión de formas, de apariencias, acuden de vez en cuando a ellas para validar sus satrapías. La principal «forma» son las elecciones y, muy de su gusto también, los referéndum. Franco organizaba alguno que otro para lograr ese 99,9 por ciento ful de votos favorables que le dejaba tan contento y, en cuanto a elecciones, ahí tenemos a Vladimir Putin que se apunta a todas, bien que tras haber dado matarile a sus opositores.
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