Boris Johnson, de visita en Ucrania. El primer ministro británico ha viajado a la zona para reunirse con altos funcionarios ucranianos en mitad de la escalada en la frontera con Rusia y en sus peores momentos de popularidad. | Reuters

El mes de febrero ha arrancado con intensidad desde el punto de vista diplomático y de las relaciones internacionales. En el horizonte, un objetivo de envergadura como es tratar de evitar un conflicto armado a gran escala en Ucrania, que podría desembocar en consecuencias impredecibles para Europa y Occidente en su conjunto. En este sentido, Reino Unido trabaja con sus socios aunque siempre imprimiendo su característico toque. Así las cosas su primer ministro, Boris Johnson, ha amenazado expresamente a Rusia con sanciones en cuanto «la primera bota rusa» pise territorio de Ucrania. Lo ha hecho tras una reunión con el líder de ese país, Volodímir Zelenski.

«Junto a otros países estamos preparando un paquete de sanciones y otras medidas que serán implementadas en el momento en que la primera bota rusa pise territorio ucraniano», aseguró durante una rueda de prensa conjunta en Kiev. Johnson, que tiene pensado llamar al jefe del Kremlin, Vladímir Putin, a su regreso a Londres, negó que dicha medida sea una «demostración de hostilidad hacia Rusia», sino una muestra de apoyo «a la libertad, la democracia y la soberanía ucraniana ante la amenaza rusa». Las palabras del premier británico llegan en su peor momento de popularidad, asediado por los escándalos de las fiestas organizadas en Downing Street en lo más crudo del confinamiento por la pandemia de coronavirus.

«Más de 100.000 tropas rusas están concentradas en la frontera. Quizás es la mayor demostración de hostilidad hacia Ucrania durante nuestras vidas», alertó. Johnson recordó que también existe la amenaza del «potencial despliegue» de las 30.000 tropas que Moscú utilizó en 2014 para invadir la península de Crimea. «Un nueva invasión rusa de Ucrania sería un desastre político y también humanitario. Y, bajo mi punto de vista, también para Rusia y el mundo sería un desastre militar», subrayó.

Consideró que la amenaza rusa es «evidente» y no es ninguna exageración, ya que Occidente es testigo de los preparativos de «toda clase» de operaciones que tienen lugar habitualmente durante una campaña militar. Y acusó a Putin de intentar «torpedear» la arquitectura de seguridad que surgió de la caída del Muro de Berlín «poniendo una pistola en la cabeza de Ucrania». «Ahora el presidente Putin, Rusia, intenta torpedear esa arquitectura, rediseñar el mapa de seguridad de Europa, establecer nuevas zonas de influencia. Y eso afectará no sólo a Ucrania. Piensen en Georgia, Moldavia y otros países», dijo.

El líder británico aseguró que su país y el resto «serán juzgados por los ucranianos y el resto del mundo» por su respuesta ante la amenaza rusa. Al respecto, recordó que desde 2015 Londres ha instruido a más de veinte mil soldados ucranianos y suministrado 2,2 millones de libras «en equipos militares no letales». «Hace dos semanas enviamos armamento antitanque para fortalecer las defensas ucranianas», resaltó. En vísperas de su visita, Londres adelantó que ofrecerá esta semana a la OTAN un «gran despliegue militar» para «fortalecer las fronteras de Europa» y contrarrestar la «hostilidad» de Rusia, que incluirá cazas, buques de guerra y especialistas.

Los planes de Londres pasan por duplicar el número de tropas que mantiene actualmente en la región y enviar más «armamento defensivo» a Ucrania. «Todos estamos de acuerdo en la importancia fundamental de defender la autodeterminación ucraniana. El pueblo ucraniano tiene el derecho inalienable a elegir cómo es gobernado y las organizaciones a las que aspira a unirse», dijo. Al tiempo que defendió las medidas de disuasión ante los planes agresivos del Kremlin, consideró que «aún es posible» lograr el arreglo de la actual tensión por la vía diplomática. «Cualquier intervención rusa sería un error estratégico de gran magnitud y tendrá graves consecuencias humanitarias», señala la declaración conjunta divulgada al término de la reunión.

Por su parte, Zelenski, que ordenó por decreto incrementar de 250.000 a 350.000 el número de efectivos del Ejército ucraniano, aseguró haber tratado con el primer ministro británico diversas medidas para contener a Rusia. «Mi opinión es conocida. La palabra contención demuestra su lógica. Cualquier medida es eficaz antes y no después. Mejor prevenir que curar», señaló, en alusión a la necesidad de medidas preventivas para evitar una invasión rusa.

Advirtió que, en caso de conflicto, «no habrá una ocupación de una ciudad o territorio. No será una guerra entre Ucrania y Rusia, será una guerra en Europa». Al mismo tiempo, admitió que en Kiev esperan con ansiedad «el momento en que Rusia retirará las tropas de nuestras fronteras». «Sería una importante señal y la única respuesta sincera a la pregunta de si tiene previsto continuar la escalada o no. Es un importante paso, psicológicamente importante, no sólo para Europa, sino también para los rusos», señaló.

Un avión militar de EEUU aterrizó en Kiev con más de 80 toneladas de municiones, a lo que hay que sumar la promesa del primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, de suministrar a Ucrania proyectiles de mortero, drones y munición para artillería y armas ligeras. El ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, también abordó la situación en el país y en la frontera con una delegación del Parlamento Europeo, en medio de un aluvión de contactos diplomáticos que incluirán la visita el jueves del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.