El líder de la Francia Insumisa quiere exprimir al máximo su buen momento de popularidad. | Reuters

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La unión hace la fuerza, y en un país como Francia donde la izquierda tradicional del partido socialista ha quedado prácticamente pulverizada en las últimas elecciones presidenciales se plantean cómo seguir plantando cara a las políticas de corte neoliberal en lo económico del remozado presidente Emmanuel Macron. Lo que queda del socialismo francés, que no es tan poco como parece tras el 2 por ciento obtenido por su candidata, puede convertirse en un brazo indispensable para convertir próximamente a Jean-Luc Mélenchon en el próximo primer ministro.

No hay que olvidar que Mélenchon al frente del partido La Francia Insumisa (LFI) fue el más votado de los de la izquierda, baza fundamental para alcanzar este histórico acuerdo electoral para las próximas legislativas de junio con los ecologistas, indicaron ambas formaciones este lunes. El pacto se produce tras semanas de negociaciones entre ambas formaciones y con el telón de fondo de otros posibles acuerdos con el Partido Socialista (PS) y con el Partido Comunista de Francia (PCF).

Se trata de un hecho histórico en Francia, pues es la primera vez que un partido situado ideológicamente a la izquierda del PS llega a un acuerdo electoral con los ecologistas y supone la unión de las formaciones más votadas en la primera vuelta de las pasadas presidenciales de abril. En ese momento Mélenchon logró casi el 22 % de los votos y se quedó a medio millón de sufragios de superar a la ultraderechista Marine Le Pen y acceder a la segunda vuelta contra el centro-liberal Emmanuel Macron, que revalidó su mandato. Yannick Jadot, el candidato de Los Verdes, se quedó a las puertas del 5 % de los sufragios, pero superó al comunista Fabien Roussel, que obtuvo algo más del 2 %, y a la socialista Anne Hidalgo, que se situó por debajo del 2 %, mientras que los troskistas Nathalie Arthaud y Philippe Poutou no superaron el 1 %.

Tanto LFI como los ecologistas apelaron a ampliar su acuerdo electoral a otras formaciones de izquierda, con quien hay conversaciones abiertas, con el fin de lograr un frente amplio de izquierdas que permita lograr un bloque influyente en las legislativas de junio. Ya hay estimaciones de voto que concluyen que en caso de existir ese frente de izquierdas contra la ultraderecha y el neoliberalismo de Macron podría superar a estos dos bloques de voto con alrededor del 30 por ciento de los sufragios.

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Ese es al menos el plan de Mélenchon, que tras su derrota en las presidenciales pidió una mayoría en la Asamblea Nacional que obligue a Macron a nombrarle primer ministro y poder así, en un Gobierno de cohabitación, aplicar políticas progresistas. El acuerdo con los ecologistas permite a estos presentar un centenar de candidatos en las legislativas, de las 577 que componen la cámara. Los dos partidos están de acuerdo en las medidas sociales, como la subida del salario mínimo hasta los 1.400 euros, el adelanto a los 60 años la edad de jubilación, el bloqueo de los precios de productos de primera necesidad o la planificación ecológica.

El principal escollo durante las negociaciones fue la postura con respecto a la Unión Europea, entre el europeísmo de los ecologistas y el cierto escepticismo de Mélenchon. Finalmente, incluyeron algunas de las propuestas de este último, que apela a la desobediencia de los tratados, pero aceptaron hacerlo en conformidad con las leyes. El texto final señala que ambos partidos están «dispuestos a desobedecer ciertas reglas europeas», como el pacto de estabilidad, el derecho a la competencia o las orientaciones neoliberales de la Política Agraria Común (PAC), pero hacerlo «con respeto al estado de derecho».

Las miradas se centran ahora en el PS, el partido tradicionalmente hegemónico en la izquierda francesa, que se debate entre el acuerdo, que preconiza su actual dirección, y el rechazo del mismo, que defienden algunas figuras históricas como el expresidente François Hollande que considera que supondría la desaparición de la socialdemocracia francesa.

Para el actual líder del PS, Olivier Faure, unirse a LFI y los ecologistas es la única vía de salvar un partido a la deriva electoral y que busca preservar los 28 diputados actuales, lo que les permitiría obtener grupo parlamentario propio. Sin embargo esa puerta abierta a desobedecer los tratados comunitarios puede constituir un auténtico abismo insalvable para un partido tradicionalista y de larga trayectoria europeísta a sus espaldas. Los comunistas, por su parte, negocian sobre unas 30 circunscripciones con el fin de mejorar los 11 escaños que tienen en la actualidad. El principal escollo con este último partido es su defensa de la energía nuclear, a la que se oponen ecologistas y LFI, aunque ese punto no figura en el acuerdo programático al que han llegado, lo que se interpreta como una puerta abierta a los comunistas.