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La última ofensiva del ejército de Israel contra la franja de Gaza, la más violenta en el último año, ha dejado un saldo de 44 palestinos muertos, entre ellos al menos quince niños y niñas de edades dispares. Los menores suponen un tercio de las víctimas mortales por los supuestos ataques para desarbolar la estructura de la Yihad Islámica Palestina en territorio ocupado, y a pesar de que las autoridades de Jerusalén lo niegan, diversas organizaciones no gubernamentales apuntan a que las operaciones militares se llevan a cabo en zonas residenciales sin las preceptivas prevenciones.

Por contra, las autoridades de Israel apuntan a que muchos de los fallecidos en la actual oleada violenta son producto de los mismos cohetes que los islamistas lanzan con el objetivo de penetrar en territorio israelí y causar allí víctimas y daños de relevancia, algo hasta el momento evitado por los sistemas defensivos de última generación que Israel ha desarrollado e implantado en los últimos tiempos. En este convulso contexto, con numerosas voces de ámbito internacional pronunciándose sobre una cuestión que viene de lejos, los niños encarnan la cara más cruda de las consecuencias de la violencia.

En las redes sociales se han compartido numerosos testimonios de menores, algunos heridos, otros angustiados y asustados por haber perdido la casa o a algún familiar próximo en los bombardeos de Israel en las últimas horas. Las imágenes multitudinarias de los funerales de algunos de los pequeños muertos por el fuego que este conflicto enquistado en Oriente Próximo ha deparado en las últimas fechas han recorrido el mundo con fuerza, así como las imágenes de los pequeños en vida, como una especie de tributo póstumo. La escena de padres desesperados cargando los cuerpos sin vida de sus hijos también ha causado una honda impresión en el seno de la comunidad internacional.

Sin embargo, aparentemente no se producen movimientos al más alto nivel para detener esta violencia ya avanzada por semanas de incremento de tensión en torno a las zonas palestinas ocupadas por colonos, una tensión que no contribuyó a paliar la visita del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. A esta hora la calma tensa se mantiene en la Franja de Gaza, donde vige un alto el fuego entre Israel y la Yihad Islámica Palestina, poniendo fin así de forma temporal a la sangrienta escalada de violencia que ha durado tres días, y ha causado al menos 44 muertos palestinos y más de 360 heridos.