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En estas elecciones se vota a los partidos que ponen a las personas en los puestos de la estructura política de Balears: los ayuntamientos, los consells y el Parlament, del que sale el Govern. Demasiados cargos y excesivo coste. Es la queja general, con mayor audiencia cuando las carteras públicas y privadas han adelgazado tanto por la recesión. El desarrollo de la estructura ha sido excesivo en los tiempos de bonanza. La duplicidad de consellers y diputados, la designación de consellers no electos y el nombramiento de directores insulares para realizar gestiones que competen a funcionarios más capacitados han encarecido la organización política, lo que a menudo se ha convertido en terreno abonado para quienes reclaman una revisión del sistema autonómico.

Los problemas de falta de eficiencia y de despilfarro no deberían ser argumentos para atraer adeptos de la vuelta atrás. El Consell, con el Estatut de 2007, ya no es un ente local, sino una institución propia de la Comunidad Autónoma. Eso significa que ha de gestionar de forma plena competencias que ahora guarda celoso el Govern, sin duplicidades.

Los mallorquines, seguramente, andan preguntándose por qué hay un Govern y un Consell en su isla. En Menorca, no puede verse igual, si entendemos que la autonomía no es un sistema para reducir el paro (político) sino una estructura mejor que la centralizada. Necesitamos el Consell como una institución propia y potente, que asuma funciones del Govern y de los ayuntamientos. No creo que se deba renunciar a esa ambición política. Al mismo tiempo habrá que exigir austeridad y eficiencia.