Vegliò. Estima los exiliados en unos 100 millones - Reuters

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El Vaticano llama a la comunidad internacional a la responsabilidad global con los refugiados y a la protección de los derechos humanos también de los desplazados internos, en el documento 'Acoger a Cristo en los refugiados y en los desplazados forzosos. Orientaciones Pastorales' escrito por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y del Pontificio Consejo 'Cor Unum'. En el documento también informan del endurecimiento de las normativas de muchos gobiernos en tal materia.
El presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, el cardenal Antonio Maria Vegliò, ha indicado que "se estima que al menos 100 millones de personas han dejado de mala gana sus casas y son obligados a permanecer en el exilio" entre los cuales se cuentan "al menos 16 millones de refugiados, 28,8 millones de desplazados internos a causa de conflicto, 15 millones de prófugos por peligro o desastres ambientales y 15 millones de prófugos a causa de proyectos de desarrollo".

El cardenal Vegliò ha destacado que este nuevo documento de la Iglesia Católica responde a los cambios de la naturaleza de la migración forzada que se han producido en los últimos años desde el último documento publicado en 1992 'Los refugiados, un desafío a la solidaridad' y por la necesidad de informar a la opinión pública acerca de los diferentes motivos que obligan a las personas a dejar sus casas, así como del endurecimiento de las normativas de muchos gobiernos en tal materia.

Siria
Por su parte, el presidente del Pontificio Consejo 'Cor Unum', el cardenal Robert Sarah ha recordado que son más de 4 millones los desplazados internos en Siria que "además de perder todo, tienen el riesgo de ser extranjeros en su país" y ha precisado que la Iglesia en Siria y los países vecinos -Líbano, Jordania, Turquía e Irak- ha invertido alrededor de 25 millones de euros y asiste a más de 400.000 personas.

En esta línea, Sarah ha reiterado que "la Iglesia interviene en diversos modos y según sus posibilidades, sobre todo gracias a la obra meritoria de sus organismos caritativos y de sus voluntarios" y que la caridad ante los refugiados, pobres y personas que sufren "necesita una red de apoyo eclesial que los acoja y los integre con la atención y sensibilidad debida al reconocer su dignidad de persona para que se sientan de nuevo parte de la familia humana".