TW
11

El primer presidente de Gobierno de la democracia, Adolfo Suárez González, artífice de la transición a un régimen de libertades después de cuatro décadas de dictadura, ha muerto este domingo a los 81 años, rodeado de la familia.

El fallecimiento, a las 15:03 horas en la clínica Cemtro, ha sido consecuencia de la evolución natural del Alzheimer que padecía -aproximadamente desde hace diez años-, ha explicado a la prensa la doctora Isabel de la Azuela.

El Gobierno ha declarado tres días de luto oficial y la noticia ha causado una catarata de reacciones institucionales, políticas y sociales, que han reconocido, en general, su trabajo incansable por la democracia y la reconciliación a fuerza de carisma, tesón, diálogo y consenso.

La capilla ardiente se instalará mañana en el Congreso de los Diputados, donde permanecerá durante 24 horas, según fuentes de la Mesa de la Cámara; el cuerpo será velado la tarde del domingo por la familia en la clínica.

El portavoz de la familia, Fermín Urbiola, ha adelantado la noticia a las 15:14 horas a los medios situados en el exterior de la clínica, en medio de confusión y nerviosismo, y ha agradecido el cariño mostrado hacia el expresidente.

Suárez se ha encontrado en un estado «muy confortable» en todo momento, con un tratamiento ajustado a sus necesidades y con buen control de los síntomas, lo que le ha permitido, ha señalado la doctora De la Azuela, estar «muy sereno y cómodo» junto a la familia hasta los últimos momentos.

Ingresado desde el lunes pasado, sufrió ayer un empeoramiento neurológico progresivo, después de que el viernes su hijo Adolfo Suárez Illana anunciara que el desenlace era «inminente».

La doctora ha precisado que su nivel de consciencia ha ido empeorando «progresivamente», aunque sin ofrecer más detalles en virtud del secreto profesional.

Aunque el proceso neumológico remitió, la enfermedad neurológica de Suárez siguió avanzando hasta el fallecimiento, según un comunicado previo de la clínica, que ha expresado el «más profundo pésame».

El director de Cemtro, Pedro Guillén, ha señalado que ha sido un honor para la clínica tratar a lo largo de estos años a «un hombre ilustre» y «grande de la historia de España» como Adolfo Suárez.

Retirado de la política en 1991, Suárez dedicó los últimos años a a la familia y lo justificó así: «Yo ya he hecho mi trabajo y ahora tengo deudas que cumplir con ella, por tantos años que he dedicado a la política».

Fueron exactamente 42, desde que comenzara su carrera en tiempos del franquismo.

«He sido un buen servidor del Estado y de los españoles», declaró en 1995 al ser preguntado por su labor al frente del Gobierno, en un programa televisivo en el que elogió al Rey.

Nombrado presidente del Gobierno el 3 de julio de 1976, impulsó la Ley Fundamental de Reforma Política, que desmontó la dictadura y abrió el camino a la democracia.

Pactó con los dirigentes de la izquierda en la clandestinidad o el exilio, como Felipe González o Santiago Carrillo, para hacer posibles las primeras elecciones libres, el 15 de junio de 1977, ganadas por la UCD, que el propio Suárez presidía.

En octubre de ese año negoció y firmó con los dirigentes de los principales partidos políticos los denominados «Pactos de la Moncloa», apoyados por la patronal y los sindicatos.

Durante su primer mandato, hasta las elecciones del 1 de marzo de 1979, se consensuó y aprobó el texto de la Constitución, refrendado en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

Comenzó entonces, ya como primer presidente constitucional, la etapa más difícil de su gobierno, asediado por el terrorismo, la inflación y el creciente desempleo, una descentralización del poder del Estado que dio lugar a las autonomías y con una crisis ideológica en el seno de su propio partido.

Las duras críticas a su gestión, la crisis interna de UCD y la falta de apoyos sociales lo llevaron a dimitir el 29 de enero de 1981.

Tres semanas después, el 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados con varias decenas de guardias civiles mientras se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo jefe del Ejecutivo, en un intento golpista que fracasó.

Después fundó el CDS, un partido de centro que obtuvo varios diputados y senadores, pero que no se consolidó.

En su vida personal, ha pasado por el fallecimiento de su esposa, Amparo Illana, y su hija mayor a causa del cáncer.