La actividad del grupo desarticulado se centraba en el robo de cajeros automáticos. | Pixabay

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La Guardia Civil ha desarticulado a un grupo criminal «extremadamente peligroso», cuya actividad se centraba en el robo de cajeros automáticos mediante el uso del explosivo triperóxido de triacetona (TATP), conocido como «la madre de Satán», del que se han intervenido 730 gramos.

Ha sido en el marco de la operación «Damage», según un comunicado difundido este sábado por la Guardia Civil, que explica que han sido detenidas cuatro personas de nacionalidad rumana y hay una quinta, de la misma procedencia, en busca y captura.

Todas ellas se disponían la semana pasada a ejecutar un robo en una entidad bancaria del municipio de Santa Ana (Albacete) cuando fueron sorprendidos in fraganti por los agentes encargados de la investigación, con el apoyo de la Unidad Especial de Intervención (UEI), requerida a la vista de la peligrosidad y contundencia en las acciones del grupo criminal.

La Guardia Civil les atribuye además su participación en hechos idénticos en las provincias de Albacete, Valencia y Cuenca, por los que existía una gran alarma social.

Se han intervenido 730 gramos de esta sustancia lista para ser explosionada, tanto en el momento de la detención, como en uno de los registros que se han practicado en la localidad de Socuéllamos (Ciudad Real), municipio de residencia de algunos de los detenidos, donde también se han encontrado materiales y compuestos químicos utilizados en la fabricación del explosivo.

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La investigación comenzó tras la comisión de varios robos en cajeros automáticos mediante el posible uso de explosivos que ocasionaban graves daños, hasta el punto de que en alguna ocasión se puso en peligro la estructura de los edificios.

Ante esos hechos, se creó un grupo de trabajo formado por agentes de la Sección de Delincuencia Organizada de la UCO y de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de Valencia, que, a la vista de la información recopilada en los distintos escenarios, consiguió identificar a algunos de los supuestos autores, sometidos a partir de entonces a una discreta vigilancia.

De esta forma se pudo constatar que el grupo criminal planificaba exhaustivamente sus acciones, seleccionaba sus objetivos en localidades de poca población, sin instalaciones de fuerzas y cuerpos de seguridad y con facilidad de escape en el caso de ser detectados.
Así, su «modus operandi» siempre era el mismo: la mujer de uno de ellos trasladaba en vehículo hasta las inmediaciones de la población elegida al resto del grupo, formado por un mínimo de tres personas, uno de ellos experto en explosivos y con formación militar.
Desde allí, llegaban a pie a la entidad bancaria, siempre de noche, sin apenas presencia vecinal en las calles; luego, forzaban la ranura expendedora de dinero del cajero e introducían por allí el explosivo por el sistema conocido como «paleta de pizzero» o «bate de críquet».

Una vez colocado el explosivo, se escondían en las inmediaciones y hacían detonar la carga, gracias a lo cual podían acceder al interior de la sucursal y, en cuestión de minutos, abandonar el lugar con el botín.

En la operación ha participado también la Europol, ya que parte del grupo desarticulado había actuado de la misma manera en otros países de la UE como Alemania e Italia, lo que posiblemente permitirá la identificación de más miembros de la organización criminal.