El café, bajo estudio científico. | NOOR KHAMIS - REUTERS - X02441

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Tomar café en el desayuno no sólo aporta un incremento de la energía y la atención sino que también puede proteger contra el desarrollo tanto de la enfermedad de Alzheimer como de la enfermedad de Parkinson, según una nueva investigación realizado por el Instituto del Cerebro de Krembil, que forma parte del Instituto de Investigación de Krembil, en Toronto (Canadá).

«El consumo de café parece tener cierta correlación con un menor riesgo de desarrollar Alzheimer y Parkinson -explica el doctor Donald Weaver, codirector del Instituto del Cerebro de Krembil-. Pero queríamos investigar por qué sucede, qué compuestos están involucrados y cómo pueden afectar el deterioro cognitivo relacionado con la edad».

El doctor Weaver recabó la ayuda del doctor Ross Mancini, investigador en química médica, y del biólogo Yanfei Wang para investigar tres tipos diferentes de café: tostado claro, tostado oscuro y tostado oscuro descafeinado.

«Tanto el tostado oscuro con cafeína como el descafeinado tenían potenciales idénticas en nuestras pruebas experimentales iniciales, así que observamos desde el principio que su efecto protector no podría deberse a la cafeína», explica.

Posteriormente, el doctor Mancini identificó un grupo de compuestos conocidos como fenilindanos, que surgen como resultado del proceso de tostado de los granos de café. Los fenilindanos son únicos porque son el único compuesto investigado en el estudio que impide agruparse, tanto los beta amiloides como los tau, dos fragmentos de proteínas comunes en el Alzheimer y el Parkinson. «Así que los fenilindanos son un doble inhibidor. Es muy interesante y no lo esperábamos». admite el doctor Weaver.

Dado que el tostado del café genera mayores cantidades de fenilindanos, el tostado oscuro parece ser más protector que el tostado ligero. «Es la primera vez que alguien investiga cómo los fenilindanos interactúan con las proteínas responsables del Alzheimer y el Parkinson -avanza el doctor Mancini-. El siguiente paso sería investigar hasta qué punto son beneficiosos estos compuestos y si tienen la capacidad de llegar al torrente sanguíneo o cruzar la barrera hematoencefálica».

El hecho de que sea un compuesto natural frente a uno sintético también es una gran ventaja, reconoce el doctor Weaver. Sin embargo, admite que aun se necesita mucha más investigación antes de que pueda traducirse en posibles opciones terapéuticas. «Lo que hace este estudio es tomar la evidencia epidemiológica y demostrar que efectivamente hay componentes dentro del café que son beneficiosos para evitar el deterioro cognitivo. Es interesante, pero ¿estamos sugiriendo que el café es una cura? Absolutamente no», advierte.