El doctor Vicente Peral. | M. À. Cañellas

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Un estudio realizado en Estados Unidos reveló hace años que cuando un hombre y una mujer acudían a una primera visita médica con los mismos síntomas de afección cardiaca, si la mujer estaba en un momento estresante de su vida, se le achacaba a eso, mientras que a los hombres se les pronosticaba una enfermedad cardiovascular y recibían un tratamiento adecuado.

El estrés en el sexo femenino se reveló como un obstáculo para el diagnóstico de una cardiopatía. El jefe del servicio especializado de Son Espases, el doctor Vicente Peral, explica por qué. «La mujer es habitualmente cuidadora de otras personas, lo que supone un sobrecarga física y mental; también tiene dificultades de conciliación por unas peores condiciones laborales, precariedad, trabajos informales... y peores condiciones económicas. Son muchas cosas que hacen más difícil gestionar el tiempo de forma saludable», explica sobre lo que denomina «estresores crónicos». Pero no sólo es eso, «la propia mujer infraestima a veces su sintomatología o no identifica el dolor, como el de una angina de pecho, porque le despistan los síntomas. Es más sufridora y hace que se retrase más su diagnóstico», señala.

El doctor Peral explica que este diagnóstico clínico se realiza en base «a lo que cuenta la paciente porque las características son imprecisas». Los retrasos hacen que «ellas ingresen más que ellos como consecuencia». Otros factores que dificultan localizar un fallo cardiaco son más generales y también tienen que ver con «la desigualdad estructural en el acceso a la salud, o el nivel económico». La cardiopatía isquémica es la causa más frecuente de mortalidad a nivel nacional y en el mundo occidental. La prevalencia de las enfermedades del corazón es del 52,6 % en mujeres y 47,4 % el resto en hombres.

Menos estudios

Pese a estos datos, otra deuda sanitaria con la mujer procede de la investigación pues, históricamente, los estudios y ensayos clínicos sobre estrategias terapéuticas se han centrado, en su mayoría, en varones. Por suerte, el doctor Peral explica que «esto está cambiando» y hoy en día «ya no». Aunque se desconoce el motivo ya se sabe, por ejemplo, que «unas técnicas funcionan mejor en mujeres que otras».