La doctora Carmen Jiménez lleva 30 años trabajando en la sanidad pública balear. | M. À. Cañellas

Si en 2018 se atendieron 544 códigos ictus en Son Espases, en 2021 fueron 803, un 48 % más. La coordinadora de la Unidad de Ictus del hospital de referencia, Carmen Jiménez (1963, Albacete), calcula que en lo que llevamos de año ya se ha igualado esta última cifra.

Ictus, derrame, infarto cerebral… ¿Es todo lo mismo?
—No. Un ictus es una enfermedad del cerebro por culpa de los vasos sanguíneos. Éstos son tuberías que, si se rompen, hay un derrame y sería un ictus hemorrágico; y si se obstruyen, hay una falta de riego y se produce un infarto cerebral o ictus isquémico que son la mayoría (un 85 %). A veces, se obstruye y desobstruye inmediatamente sin dejar rastro y es un aviso para poder actuar porque puede haber una segunda y definitiva un poco más tarde. La palabreja ictus se usa desde hace unos 30 años para substituir el stroke anglosajón, significa lo mismo pero es en latín y mantiene el concepto de emergencia médica.

¿Cuándo hay que alarmarse?
—Los síntomas van a depender de la zona del cerebro que esté lesionada. Puede afectar al habla bruscamente, se puede perder la fuerza en la mitad del cuerpo, ya sea un brazo o una pierna; se altera la visión, desviación de la boca… Lo más frecuente es eso. Si la boca queda torcida en una sonrisa, o se le pide levantar los brazos pero con uno no puede… Ya es una sospecha de ictus. Además está el vértigo que por sí solo no, pero sí cuando va con visión doble o dificultad intensa de caminar. Con una obstrucción o rotura de un vaso sanguíneo en seguida se ve el síntoma.

Y hay que actuar en seguida porque en cada minuto que pasa…
—Sin que abramos la arteria, perdemos dos millones de neuronas.

¿Lo mejor en estos casos es…?
—Hay que llamar al 061 que sabe dónde tienen que llevar a los pacientes. Atención Primaria y todos los hospitales tienen un sistema de código ictus donde se acredita quién puede dar la mejor atención porque cada persona es diferente. Además es importante conocer la hora de inicio de los síntomas, y el estado de la persona. Cuando llegan al hospital hay que saber si el cerebro es viable para hacer los tratamientos. Para lo que hay que correr es para intentar abrir las arterias, si afecta a una grande podemos acceder por catéter y extraer el trombo (esto sólo lo hacemos en Son Espases); pero también hay otra estrategia para disolver los coágulos con medicación, se llama fibrinolisis y podemos dar apoyo con el teleictus.

¿Teleictus?
—En 2006 lo iniciamos para acercar al neurólogo de guardia a los distintos hospitales. El sistema es anticuado pero podemos conectarnos para ver a los pacientes.

¿Es difícil recuperarse de un ictus?
—Cuando antes actuemos, menos secuelas. Los tratamientos y el ingreso en la unidad quiere evitar y mejorar la discapacidad y evitar muertes, porque es una enfermedad mortal.

¿Es inevitable que haya secuelas?
—El cuerpo no se queda inactivo. Igual que una herida para de sangrar porque el cuerpo se ocupa de coagular, cuando se forma un trombo también hay acciones para disolverlo de manera natural. Hay pacientes que mejoran por sí mismos. Además hay zonas del cerebro que se activan para compensar a las que han muerto. Antes se decía que las neuronas no se recuperaban pero hoy sabemos que hay plasticidad neuronal. El papel de la rehabilitación precoz, personalizada y prolongada también es fundamental y debe ser integral.

¿Y se hace una estrategia integral?
—Sí, pero con carencias. Aquí no hacemos la neuropsicológica, pero podemos derivar a los pacientes a cruz Roja o Sant Joan de Deú. En Son Espases tenemos al médico rehabilitador que coordina y hay logopedas, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y dietistas.

Ahora han aumentado los ictus.
—Llevamos un año muy duro, es el de mayor actividad de códigos ictus. Como llevamos años diciendo que hay que correr, los pacientes vienen rápido y aquí todos dejamos lo que hacemos para atenderle. Es un trabajo coordinado que se hace muy deprisa. Ayer (por el miércoles) tuvimos a un paciente que en dos horas estuvo atendido y ya pudo pasar a rehabilitación.

¿Por qué este incremento?
—Arrastramos la pandemia. Ha habido un abandono del control de los factores de riesgo. Hemos visto a pacientes que, como no pueden contactar con la sanidad, abandonan la medicación y no se han tomado los fármacos de la tensión. Hay menos control de riesgo vascular, menos seguimiento... No hemos podido analizar las causas pero vienen más y vienen deprisa, y la unidad está infradimensionada para atenderlos. Se les atiende pero la presión es importante.

¿Pasa más entre mujeres?
—En ellas son más graves. Tienen factores hormonales y enfermedades más características de mujeres como la arritmia (que se detecta con un smartwatch) o la fibrilación articular que provoca ictus muy graves. Además, las mujeres somos más conformistas con los síntomas, reconocer que nos pasa algo nos cuesta más. Ahora los ensayos clínicos tienen perspectiva de género y se ha visto. Además están los tratamientos hormonales, los anticonceptivos tienen más riesgo de ictus que las vacunas de la COVID, con el miedo que había.

¿Factores de riesgo?
—Son como boletos para una rifa, cuantos más tienes, más probabilidad. Y son: el tabaco, el consumo de alcohol excesivo, drogas como el cannabis que está banalizado o la cocaína que es un factor inmediato. También lo es la hipertensión arterial, hay que vigilarla a partir de los 40. Si no está entre 140/90 hay que ir la médico. Además está la diabetes, el colesterol y el sedentarismo y hay que hacer dieta sana.