Imagen de archivo de una pediatra atendiendo a un niño. | 4 VENTS

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La pediatría pública de Atención Primaria de Baleares vive un auténtico drama, ya que 68.000 niños no reciben asistencia por parte de un pediatra titulado. Así lo ha denunciado Marianna Mambié, pediatra de Atención Primaria y presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria de las Islas Baleares (APapIB). En este sentido, ha explicado que de las 142 plazas de pediatría que hay en el Archipiélago, el 48 % no están cubiertas por especialistas. Cabe precisar que este dato es de 2018, pero Mambié ha asegurado que sigue reflejando la situación actual; e incluso ha podido empeorar porque hay un problema de relevo generacional, ya que no se han podido cubrir con pediatras titulados todas las plazas que han quedado libres por las jubilaciones de los últimos años.

Desde el IB-Salut han informado que en 2018 se convocaron oposiciones a pediatra de Atención Primaria y hospitalaria, pero para las 178 plazas ofertadas sólo se presentaron 108 aspirantes. La presidenta de APapIB ha puntualizado que el problema se agudiza en la Atención Primaria, ya que la mayoría de los profesionales se decantan por los hospitales. A modo de ejemplo, ha destacado que de los 10 profesionales que se formaron en pediatría en las Islas el año pasado ninguno se quedó en Atención Primaria: se fueron a los centros hospitalarios o regresaron a la Península, donde el nivel de vida es más bajo y, entre otros aspectos, no hay tanto problemas para acceder a la vivienda.

Riesgo importante

Mambié ha advertido que esto supone un riesgo muy importante, ya que los médicos que no cuentan con la especialidad de pediatría tienen dificultades para detectar los trastornos de neurodesarrollo. «Esto se produce cuando el desarrollo de un niño se aleja de la normalidad: puede haber un retraso de madurez, déficit cognitivo, un trastorno de espectro autista, etc». El problema es que si el profesional que atiende a estos niños durante su infancia no está formado para ello lo más probable es que no lo detecte y pase desapercibido.

Este déficit de especialistas también representa un problema a la hora de tratar a los menores con enfermedades crónicas (metabólicas, neurodegenerativas, endocrinológicas, etc.), puesto que el pediatra coordina toda la red de asistencia que atiende al paciente. A su modo de ver, «un médico generalistas detecta perfectamente una deshidratación, un asma, una neumonía...», pero le puede pasar desapercibida una enfermedad en la que no ha sido formado. De hecho, la formación pediátrica de un médico de familia dura dos meses mientras que la de un pediatra se prolonga durante cuatro años.

Ante esta situación, y coincidiendo con la semana de la Pediatría, la presidenta de APapIB hace un llamamiento a los padres para que reclamen que sus hijos sean atendidos por especialistas, puesto que como se ha expuesto anteriormente resulta fundamental para su desarrollo.

Transparencia

Mambié asegura que se ha reclamado al IB-Salut que en las consultas de Atención Primaria se especifique si el profesional cuenta con la especialidad o no, ya que en todas ellas figura el rótulo de pediatría, independientemente de si el profesional que la ocupa es pediatra o no. En estos momentos, la única posibilidad de saberlo es poner el nombre del médico en la página web del colegio de médicos de Baleares. Sin embargo, los padres tienen derecho a saber si el desarrollo de sus hijos es seguido o no por un pediatra titulado por todos los riesgos que se han explicado con anterioridad.