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Los narcos de Son Banya se ríen sin disimulo alguno de la policía, jueces, fiscales y del propio Ajuntament de Palma. Hace unos meses, el diario Ultima Hora destapó que los clanes gitanos había fortificado el poblado. Tres semanas después, técnicos de Cort, Policía Nacional y Policía Local irrumpieron en la zona y procedieron a la retirada de las barreras y nuevas construcciones.

Con total impunidad construyeron un sistema de fortificación sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo. Lo primero que hicieron los residentes fue introducir maquinaria pesada (excavadoras y camiones) para aplanar el terreno, hacer cimientos, instalar barreras metálicas de cercado de perímetro, levantar planchas de madera con sacos de arena y bloques de construcción y realizar una nueva entrada para facilitar a los clientes la compra de droga. Por las noches, también colocaron pequeños focos led para facilitar las líneas de entrada y de salida de los compradores. Después, junto a la montaña de basura y coches quemados, instalaron paneles de madera para crear una barrera visual que les permita tener una mayor privacidad. Recientemente, aprovechando los altercados de Son Gotleu, s’Arenal y el derrumbe del Medusa, los narcos gitanos han vuelto a la carga.

Barreras metálicas, nueva iluminación, movimientos de tierra, introducción de centenares de sacos de material de unos conocidos almacenes de construcción y, hasta una pequeña cuadra para alojar a un poni, varias gallinas y un pavo real.

Los residentes lo tienen muy claro. «Aquí mandamos nosotros. Pueden venir las veces que quieran. Cuantas más chabolas tiren, más construiremos». Estas palabras no son bravuconadas, son una realidad palpable que deja en evidencia el papel de las autoridades de la capital balear.

Estas obras son una maniobra para crear una barrera de protección con una doble finalidad. La primera, fortificar el recinto para conseguir más seguridad y poder burlar las posibles entradas de la policía. En segundo lugar, junto a la zona donde se acumulan toneladas de basura, han instalado varios paneles para obtener una mayor privacidad. Se trata de estrategias con la finalidad de controlar la entrada y salida de compradores y evitar la irrupción policial.

Controladores

Del mismo modo, desde hace meses, los clanes que controlan el poblado han instaurado la figura de los controladores de acceso al recinto. Para entrar a comprar droga hay que pasar por delante de dos ‘vigilantes’ (residentes) que son los encargados de detectar la presencia de agentes infiltrados o de clientes que por cualquier motivo tengan prohibida la entrada.