Adrià Mesa, besando a uno de sus caballos, en una imagen reciente de este mismo verano. El exjugador de básquet y el mundo hípico, van de la mano.  | A.M.

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«Los caballos son un ‘hobby’. Son parte de mi familia y como intento hacer con todo, pretendo darles la mejor vida posible y por ello estoy constantemente formándome en ámbitos de nutrición, manejo y bienestar». Lejos del ajetreo y del bullicio del mundo del baloncesto profesional, el exjugador, entre otros, de Menorca Bàsquet, CCE Sant Lluís, Hestia Menorca y Pinta B Es Castell, Adrià Mesa (1987), emana pasión, amor y frenesí por el caballo, una afición que ha heredado en la Isla, tras colgar las botas de baloncesto. Poseedor de dos caballos– un menorquín y un español–, su afición por el mundo del caballo nace en Menorca. «Nunca antes había tenido contacto con un caballo. Tuve la suerte de cruzarme con personas que me dejaron montar caballos que había en la familia y la gran suerte de poder aprender de la mano de dos personas a las que siempre les estaré agradecido. Mi afición y amor por los caballos se la debo absolutamente a ellos», señala, Mesa, alejado de las canchas.

La única y a la vez ilusionante y apasionante misión de Adrià Mesa con sus ejemplares no es otra que la de «generar un vínculo con ellos que nos permita disfrutar mutuamente de todo– de una forma no obligada– y brindarles, a través de formarme, la mejor vida posible, pensando muchas veces en ellos». A partir de aquí, «salgo de tanto en tanto a hacer alguna excursión por la playa de forma tranquila y poco más. Al final, disfruto mucho simplemente estando con ellos mientras los dejo ser el máximo posible caballos», nos cuenta.

El amor y devoción que tiene y vive con los caballos lo plasma también Mesa en sus redes sociales, con unas fotografías que muestran afecto y estima mutua. «Como todos los animales y al igual que con las personas, se generan lazos y vínculos. Esto se consigue sobretodo cuando pasas tiempo de calidad con el otro. Yo intento pasar tiempo de nivel con ellos; salidas del ramal dejándoles pastar, andar en semi-libertad por la finca y brindarles estímulos, escondiéndoles premios o simplemente sentarme entre ellos y ser uno más respetando su espacio y entorno», narra, este nuevo hombre que susurra a los caballos. Algo reivindicativo al ser preguntado por cómo debe ser el caballo ideal, Mesa se sincera: «Yo solo quiero tener un caballo sano y estable emocionalmente. Y para ello hay muchas cosas a tener en cuenta; son animales sociables, que en su origen viven en manadas y generan unos lazos con sus mismos muy grandes. Es muy difícil replicar o brindarles una vida lo más natural posible pero sí que deberíamos tener la voluntad de que así fuera dentro de las posibilidades», lanza, lamentando que hay caballos «que no ven la luz del sol durante días, que no tienen compañeros de vida cerca, que no pastan. U otros que solo salen del box a la pista y viceversa; ello debe evolucionar y solo lo hará cuando dejemos de pensar solo en nosotros», avisa, calificando de paso al caballo menorquín: «Noble, duro y muy bonito. En ocasiones cabezota y con manías absurdas que te ponen a prueba pero apto para todos los ámbitos, tanto de doma como de ‘hobby’. Aprendí a montar con uno que me robó el corazón y desde entonces es una raza muy especial para mí».

Mesa tiene claro si se queda con la mejora de sus caballos o con un gran año de básquet: «La evolución de un caballo. Básicamente porque es una vida a la que estás aportándole muchas cosas, buscando con mucha responsabilidad un futuro sano y estable. Ver como crecen, lo que asumen, lo que aprenden y demás es una recompensa incalculable. Un buen partido o un año de baloncesto es muy pasional y brutal pero no es comparable», detalla el de Santa Coloma de Gramanet, quien, a modo de broma, no se ve como ‘cavaller’ en unas fiestas. «Las fiestas creo que conllevan una tradición y un sentimiento que hay que sentir con intensidad y no es mi caso. Yo solo persigo disfrutar como hobby y que los que estén bajo mi responsabilidad vivan de la mejor forma», relata.

Hestia Menorca y Pinta B

Desde la distancia, Mesa, en clave básquet, ve el proyecto del Hestia Menorca en LEB Plata, «con mucha estructura, profesionalizado y con una base muy sólida en los tres ámbitos clave: económico, social y deportivo. A veces no le damos el valor justo a las cosas y el mérito de lo que hace el Hestia a nivel global es genial. No es fácil en una isla como desarrollar y consolidarse así», piensa el catalán, que opina de su último equipo, el Pinta B Es Castell. «Tiene un mérito igual de grande, por distintos motivos. La estructura es más pequeña, menos profesionalizada y la calidad humana y el esfuerzo desinteresado es espectacular». Desconocedor de sus objetivos, señala que «la falta de talento en general implica fichar gente de fuera, sobretodo el día que los Llufriu, Sintes y demás den un paso al lado, lo que implica unos esfuerzos a valorar. Pinta B siempre será mi familia, les deseo lo mejor y les estaré eternamente agradecido por cómo me hicieron sentir, en especial a Tomeu Vanrell».

En cuanto al futuro del baloncesto en Menorca, es consciente el ex escolta de Bintaufa que «el corazón nos puede más que la razón muchas veces y eso es muy bonito a la vez peligroso. La pasión es lo que nos mueve pero se necesitan muchas más cosas para no cometer errores del pasado. Con una estructura sólida en todos los ámbitos, ¿por qué no pensar en estar más arriba?», exclama. Dicho esto, «sí me gustaría decir que a veces leo comentarios que dejan entrever que la LEB Plata ya nos sabe a poco y desde una opinión personal y tomando conciencia de muchos proyectos pasados desaparecidos, estar consolidados en Plata es un logro a celebrar», piensa, añorando Mesa, «lo que engloba el baloncesto, más que el juego en sí; los momentos personales y vínculos que se generan», admite, tras un cambio de vida radical, «por el tiempo que le dedicas pero ya eran muchos años y necesitaba emplear ese tiempo a otros apartados de mi vida». ¿Retirado para siempre? «A medida que cumples años, una de las cosas que te demuestra la vida, es que el Nunca o el Siempre es mejor no usarlos; no está en mis planes de ninguna manera volver pero no puedo decir que sea una despedida para siempre», finaliza Mesa.