Garmine Kande Kieli, referencia interior | Tizona Burgos

El UBU Tizona Burgos es un equipo diseñado para ascender y el imponente trayecto que hasta la fecha ha delineado el equipo dirigido por Diego Ocampo, incontestable líder de la conferencia Oeste con 16 victorias sobre 17 partidos y flamante finalista de la Copa LEB Plata, así lo corrobora.

Ni tan solo el discurso de su entrenador durante esta semana, en el que en una suerte de juego sicológico ‘entre bastidores’ rechaza cualquier tipo de presión, tanto en la lucha por el ascenso como para la final por el título copero que este sábado disputa en Maó ante el Hestia Menorca, desnaturaliza una máxima asumida por todo el estadio LEB Plata; en El Plantío, hogar de juego del Tizona, se ha reunido una de las mejores y más equilibradas plantillas de toda la competición, forjada dentro de un proyecto que, a nivel deportivo y social, ostenta todos los requisitos para militar en una categoría superior. A continuación radiografiamos, en diversos apartados, sus virtudes y argumentos

Coral

El éxito del Tizona Burgos reside en su fortaleza como colectivo, en su coralidad como equipo. En su más reciente intervención, en la que aplastó al Minuscenter Morón, 113-64 (+49), para suscribir su décimo sexta victoria de la temporada (sobre 17 jornadas), hasta cinco jugadores terminaron el partido con dobles dígitos de anotación, un dato de lo más revelador sobre su capacidad para atomizar su producción ofensiva. El técnico Diego Ocampo cuenta con un ramillete de 8-9 jugadores de casi idéntico nivel, lo que le concede una rotación amplia, con todas las posibilidades que eso conlleva para desarrollar un juego intenso y sin rebajar el nivel, dejando sin respiro al rival (ante el Morón, iba ganando por 30 y el equipo continuó con su defensa a toda cancha).

Intenso

Tizona responde por ser un conjunto provisto de gran calidad, pero por encima de ello, y en un sentido estructural, hace prevalecer la intensidad, tal y como analizamos en el punto anterior. El talento desequilibra, pero tanto como lo hace el derroche del grupo. El cuadro burgalés es el equipo que más anota de toda la liga (más de 88 puntos de promedio por partido) y además su diferencial medio por victoria rebasa los 20 puntos a favor. Su presión constante a toda pista provoca muchas pérdidas en los rivales, de ahí su desaforada productividad al contraataque, también posible merced a su hegemonía en el rebote, que por otra parte le permite, además de juego a campo abierto, muchas segundas opciones. Asimismo, es un adversario temible desde el perímetro.

Nombres propios

Lógicamente, de entre su potencial como grupo, afloran protagonistas a título individual. El Tizona cuenta con sus propios ‘top’. El base Didac Cuevas, excanterano de Joventut y Barça, firma 13.4 puntos y 5 asistencias por partido; el también director de juego y exLEB Oro,    Ayoze Alonso, registra 9 tantos y más de 3 asistencias. El escolta Joe Cremo asegura 12.5    puntos y más de tres asistencias por cita, mientras que en los aledaños del aro destacan el congoleño Garmine Kande Kieli, de físico poderoso y con 11.4 tantos y 6.6 rebotes por cita; otro exLEB Oro como el senegalés Abdou Thiam (8 puntos y más de 5 capturas) y su compatriota Pa Mor Diene, quien ya jugó en Maó hace un par de temporadas como integrante del Villarrobledo, suma 7 puntos y 4.5 rechaces por velada. Sin desmerecer otros jugadores, los aquí citados suponen la base y principales focos del peligro del rival del Hestia Menorca en la inminente final de Copa.

La mejor racha

El Tizona, además de presentar el mejor récord de la liga, 16-1, alcanza la final de Copa enfrascado en una racha abierta de seis victorias consecutivas, la más sustancial actualmente en todo el ‘universo LEB Plata’, otro dato revelador acerca del excelente momento con el que el conjunto burgalés llegará a Maó. El Prat, segundo clasificado del Este, ostenta el segundo mejor lapso (+5). El Hestia Menorca, por su parte, jugará por el primer título del año tras dos victorias seguidas.

Un histórico

El Tizona, aunque nunca ha jugado en la Liga ACB, es un clásico del baloncesto español en virtud de su continuada presencia en las ligas FEB. También la ciudad que vio nacer a El Cid es una plaza con arraigo, desde que en los años 80 el antiguo y desaparecido Tizona compitiera en la extinta Primera B (actual LEB Oro). No en vano, el proyecto que rivalizará este sábado por el título de Copa con el Hestia Menorca ya sabe lo que es competir deportivamente con la Isla. Lo hizo en el playoff de ascenso a la ACB de 2010, final y éxito que se embolsó el Menorca Bàsquet de Paco Olmos después de una extraordinaria serie a cinco partidos que se resolvió en Maó (y que derivó, al año siguiente, en la última temporada de la Isla en la máxima categoría).

Fue aquel el primero de los diversos intentos por alcanzar la primera liga en los que el equipo burgalés pereció en reiterada cercanía al éxito. Incluso llegó a materializar el logro deportivo, en 2013, pero la imposibilidad por cumplir con las exigencias de la ACB abortó el sueño y, paradójicamente, impulsó la creación del San Pablo Burgos, que sí alcanzó la primera liga y actualmente juega en LEB Oro.