Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar, al torpe hace discreto y da el Mundial a Qatar. Es lo que hay, amigos; aunque, si echamos la vista atrás, debemos recordar que el anterior campeonato del mundo se jugó en Rusia. No hay nada que no esté tan mal que no pueda empeorar. No sé quién ha actuado en la gala de inauguración. Tras la negativa de Shakira, más preocupada de hacerle peinetas a Piqué en Andorra que de mover la cintura ante tipos disfrazados, y la feliz noticia de que Rod Stewart está vivo (desconocía tal condición), nos quedaba la esperanza de que Camela estuviera libre, pero no fue así. Ellos se lo pierden. Los cataríes, quiero decir.

La hipocresía que rodea este Mundial supera cualquier nivel anterior, excepto la cumbre del clima climático recién celebrada en Egipto. Nos rasgamos la camisa con una mano, mientras con la otra recogemos sus generosas contribuciones. Ni derechos humanos ni leches. Amores tan prohibidos que ni se compran ni se venden, tan solo se restringen. La legión LGTBI+ se une a la causa de los cerveceros en la lucha por sus derechos. Como en los viejos tiempos de la ley seca y el cuarto oscuro, los pervertidos tendremos que aplazar nuestros vicios hasta Navidad. Podemos esperar, aunque no sé si llegaremos unidas hasta entonces.

Solo Italia ha dado la talla y ha renunciado a acudir al Mundial. Si a ellos no les dejan expresar su amor libremente; si ellas no pueden lucir sus melenas al viento y si Berlusconi no puede hacer bunga bunga, ¿qué sentido tiene ir a Catar? Coherencia es el nombre de la Azzurra.

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También es coherente el gran Luis Enrique, exmadridista de pro y estrimer en horas libres. Gran aportación la del seleccionador: no contesta a las cuestiones incómodas de los periodistas, pero se pone a disposición del populacho a través de mensajes sin filtro. Ja, ja. Ja. Quiero ver la respuesta al primero que, tras una derrota, le pregunte por el yerno. Que ojalá no se produzca la derrota, que la pregunta sí me interesa. SI se trata de desviar el foco, está bien, aunque tal vez resultaría más interesante que fuera Ibai el seleccionador. Al menos, nos echaríamos unas risas en las ruedas de prensa.

Deportivamente, el Mundial tiene un claro favorito: Ecuador, líder destacado del campeonato. Superada, con gran dolor de familiares y amigos, la triste noticia de que era falsa la oferta de amaño del partido inaugural ante Catar (un millón de euros per cápita por dejarse perder), no se ha visto ninguna selección mejor que la ecuatoriana. (Me comunican por línea interna que Italia no renunció al Mundial, sino que fue incapaz de clasificarse. No ganamos para disgustos)

Vamos a lo mollar. La selección española es tan atractiva como la colección primavera verano de Ágata Ruiz de la Piscina: llama la atención, pero no te la pondrías ni harto de vino. Por cierto, ahora que Costas dependerá de noltros, ¿a quién echaremos la culpa de las barbaridades hechas y por hacer? Luis Enrique es un buen candidato. Y mientras esperamos que la Roja debute, seguiremos preguntándonos quién es el tipo con pinta de catarí que juega de portero y a qué hora llega Canales desde Sevilla. Seguiremos informando.