Tarragona. El equipo agudizó su mal estado en el partido jugado el domingo en El Serrallo - photodeporte

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Cambiar, introducir alguna novedad en un vestuario en plena depresión, o bien ser paciente y confiar en la calidad conocida del grupo tanto en la pista como en el banquillo para que salga adelante y se conecte a la Liga, eso sí, ya con vistas al play off, porque la primera plaza ha quedado lamentablemente fuera de las posibilidades racionales de conseguirla. Ése es el debate recrudecido en los últimos días como consecuencia de la ristra de derrotas –seis consecutivas– que ha encadenado el ViveMenorca en este nocivo tramo del campeonato.

No es fácil tomar una decisión que corresponde, en primer término, al director general del club, Oriol Humet, de acuerdo con el Consejo de Administración que preside Benito Reynés, y también, en principio con el técnico, Paco Olmos. La disponibilidad limitadísima de recursos en la caja fuerte del club bloquea, de entrada, las opciones de acudir al mercado en busca de un jugador "que mejore lo que tenemos, algo que no es nada fácil", como apuntó Oriol Humet en este diario el pasado viernes.

Olmos se habría inclinado por fortalecer su plantilla con una nueva incorporación que diera más soluciones desde el perímetro donde se focaliza, aparentemente, el principal déficit en el juego de conjunto. Sin embargo esa idea toparía con la situación financiera del club. El ViveMenorca dispone de una ficha libre para incorporar a un jugador nacional seleccionable que ocuparía la plaza del vinculado Iván Llull. Los otros cupos –dos extracomunitarios, que son Victor y Turner, un "cotonou", Umeh, y dos comunitarios, Caio Torres y Diego Ciorciari– están cubiertos por lo que cualquier movimiento que les afecte traería consigo una baja.

Además de la posibilidad de modificar el perfil del grupo en la pista, la reiteración de derrotas también pone en el candelero al entrenador, Paco Olmos, como máximo responsable de un equipo que ha perdido el norte en los últimos encuentros sin que todavía haya sabido encontrarlo.

El entrenador valenciano, ejemplo de compromiso y profesionalidad, ya sabe lo que es atravesar por una crisis profunda como la actual, aunque quizás no con tanta presión como la que marca el objetivo del club para el que trabaja actualmente.

Es curioso, pero el pasado año Olmos vivió una situación similar con el Melilla al que, finalmente, llevó a las puertas del ascenso en la final ante el Alicante. Tras la Copa, que también perdió, el cuadro melillense encadenó seis derrotas consecutivas, como ahora. En la jornada siguiente, el Melilla batió al Breogán de Lugo e inició una recuperación fulgurante que a punto estuvo de acabar en la ACB.

Olmos regresó ayer al frente del ViveMenorca procedente de Tarragona, con una cara que evidenciaba su estado de ánimo. No parece, en todo caso, que Oriol Humet cuestione al entrenador por el que él mismo apostó decididamente el pasado verano como primera opción para el banquillo.

En el último precedente menorquinista encontramos la destitución de Ricard Casas en enero del pasado año tras encadenar siete derrotas consecutivas, una más que la sucesión actual. De repetirse aquella coyuntura, a Olmos le quedaría una vida.