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El poeta catalán Carles Casagemas entra en un café de París en 1901 dispuesto a matar a su amante y suicidarse después. Tres años después, Pablo Picasso está a punto de tomar una decisión importante como artista, pero antes necesita hacer una confesión. 15 de septiembre de 2017, ambas escenas comparten espacio en el número 9 de la calle Castell Rupit de Ciutadella para dar vida a «Cafè Hippodrome», una de las obras que el público pudo disfrutar en una nueva edición del Teatre de Butxaca. Un festival de teatro que, utilizando un símil futbolístico, se podría decir que golea hasta en los entrenamientos. Y es que con las entradas agotadas desde el día que se pusieron a la venta (apenas quedan unas pocas para una sesión infantil de este sábado) los ensayos registraron este viernes también una excelente entrada.

El éxito de convocatoria de este evento organizado por Ciutadella Antiga y la asociación de vecinos Ciutadella Vella ya no es noticia, y pese a la abrumadora respuesta del público parece que no hay intención de tocar un formato que funciona. Eso sí, su mayor preocupación ahora es apostar por la calidad, un camino para el que han buscado la colaboración de otro festival de similares características, Píndoles, que se celebra en Catalunya.

La jornada inaugural del Teatre de Butxaca sirvió también para celebrar el acto de entrega de la segunda edición de los premios de escritura teatral en pequeño formato. La ceremonia tuvo lugar al término del ensayo de la obra ganadora de este año, «El lladruc», firmada por el catalán Gerard Vilardaga y protagonizada por él mismo. Una historia en la que se ponen en juego las relaciones de poder, la primera pieza breve escrita por Vilardaga, quien en 2014 estudió Teatro en la Escuela de Arte Dramático de Menorca.

«Cuando me dijeron que había ganado el premio me quedé muy sorprendido, ya que casi tenía olvida la obra», reconocía este viernes el autor poco después de revisar el espacio donde iba a ser representada. Sin embargo, le ha cogido gusto al formato, ya que está dado los últimos retoques a su segunda pieza. Considera el autor que el éxito de iniciativas como la de Teatre de Butxaca reside en la «proximidad que se consigue con el público». Por otra parte, alaba del formato que «las obras cortas sean más accesibles y digeribles para el público».

También recogió su premio, en este caso en la categoría de obras infantiles, la menorquina Mari Genestar, por «El lladre de Memòries». La autora, con una larga trayectoria dentro del mundo teatral, confiesa que le ha agradado mucho embarcarse en la aventura del microteatro, un formato cuya dificultad radica, a su juicio, es conseguir «ser esquemático... Minimizar es complicado», explica. En su caso, la parte buena de escribir obras infantiles es «dirigirse a un público muy sincero; tanto si les gusta como no la historias que has escrito, no tienen problema en decírtelo».