Gornès, en el centro de la imagen, acompañada del bajista Lluís Gener, el percusionista Ismael Pelegrí y el guitarrista Nicolau Espinosa. | Jaume Fiol

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El mismo escenario donde hizo sus primeros pinitos como artista hace cuatro décadas «y algunos meses», el patio del Claustre del Seminari, allí fue donde regresó el sábado la Maria Àngels Gornès. Se plantó sola en el escenario, guitarra en mano, ese instrumento que tal y confesó al público le ha acompañado «durante toda una vida». Se hizo el silencio y sonaron los primeros acordes de la noche, esos que musican al poema «Els qui hem nascut a la mar», de Pere Xerxa. Un toque marinero para una noche muy mediterránea y con un público muy entregado, ese que como dice el poeta tiene «per pàtria una barca».

Fue una noche emotiva, después de mucho tiempo desde que la artista se subiera al escenario por última vez. Confesó ser una persona «poco nostálgica», pero en el concierto con el que celebraba sus cuarenta años de trayectoria artística fue inevitable echar la vista atrás, hacer balance y otorgar el público el reconocimiento que a su juicio se merece. «He ido haciendo camino y sin vosotros no tiene sentido lo que hago. Estoy aquí después de tanto tiempo y eso ya quiere decir algo», confesó la artista, «a corazón abierto», para concluir que ahora «lo que importa es el presente».

Fue entonces cuando entró en escena su banda de acompañamiento, una formación integrada por Lluís Gener al contrabajo, Nicolau Espinosa al laúd y Moisés Pelegrí como percusionista. Junto a ellos, haciendo uso de su característica y enérgica voz, despachó un repertorio de poemas musicados, eso que lleva haciendo desde sus comienzos. Sonaron melodías acompañando a poemas de Ruiz i Pablo, Pere Gomila, Ponç Pons, de nuevo Pere Xerxa, y sobre todo Gumersind Gomila, el artista al que más veces citó y recurrió Gornès durante la velada en que en más de una ocasión miró atrás para reconocer que parecía «como si no hubiera pasado el tiempo».

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